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Biblioteca Virtual Hispanica

domingo, 10 de octubre de 2010

La abuela tejedora

La abuela tejedora 

por Uri Orlev
Un día llegó a una pequeña ciudad una vieja, viejísima abuela.
No traía un canasto, ni una valija con ropas, sólo un par de agujas y un bastón nudoso.
Caminó por la ciudad, sin encontrar vivienda.
Sentándose entonces en medio del campo, sobre una fría piedra, tejió un par de hermosas chinelas para sus cansados pies. No quería de ninguna manera  apoyar su calzado sobre las frías piedras,  por eso tejió la abuela una alfombra, sobre la cual descansar sus chinelas.
Pero, ¿dónde extendería su alfombra? En todo el lugar había sólo espinas y matorrales.
Tomó la abuela sus fuertes agujas, y después de un rato de agitado trabajo, tejió un suelo. Tendió su alfombra sobre el nuevo piso.
¿Y de dónde sacar una cama o un sofá?
A golpecitos de aguja contra aguja tejió una cama, una almohada y un almohadón, un colchón y unas sábanas, y en un costado, una enorme bañadera
A golpecitos de aguja contra aguja  tejió una pared, una ventana y una lámpara.
Después tejió una viga, otra viga, y entre ellas un techo y su cielorraso.
Y de no tener un té en su pava, cómo levantarse por las mañanas?
Tendrá un té en la pava, a no preocuparse, tejió una pava, un plato, una torta, y tres tacitas, porque no iría a vivir sola en su casa.
A golpecitos de aguja sobre aguja, la abuela sabe lo que quiere.
Esta es una gran obra de arte, una obligación honorable.
Teje un nieto y una nieta, sin olvidar de agregarles una hebra de curiosidad y de risa, y muchas travesuras.
Tejió afuera césped y flores.
Adentro puertas y aberturas.
Los nietos salieron a saltar al patio, jugaron a las escondidas y  a la mancha,  sobre un pasto tejido de lana verde.
Mientras tanto la abuela seguía tejiendo roperos, estantes, cajoneras de ropa y todo lo que hay en un cuarto de niños.
Afuera jugueteaban los dos, hasta descosieron hilos de algunas flores.
El chico agarró a la nena por su pierna, rasgando hebras de su talón . Ella se lo devolvió arrancándole hilitos de su cola.
¿Creen ustedes que la abuela tejedora se enojó?
Cada lugar arruinado fue prontamente curado.
En un dos y tres corrigió el talón,  tejió nuevamente el trasero.
Tejió un poco de oscuridad, acostó a ambos niños, los tapó con sus sábanas, y se sentó a tejer entre ambas camitas, con lanas livianas,  sueños agradables, sueños gratos.
A la mañana les tejió a cada uno un libro y los llevó a la escuela.
Vieron los maestros a los chicos y dijeron : chicos de lana no recibimos, cómo enseñarles?.  Dijo la abuela: no estoy de acuerdo, son chicos buenos y dulces, no se apresuren sin conocerlos. Ambos son aptos y muy alegres. Vengan y prueben su conocimiento, es cierto que son tejidos, pero no es su culpa.
Los maestros  examinaron a los nietos,  torcieron la nariz diciendo : En nuestra escuela, chicos de lana y de aire? Tejidos a mano? No es común, no se estila. Se enojó la abuela, era muy terca.
Se puso a tejer entonces, a los golpes de sus agujas, un auto, para ellos tres. Un auto un poco cómico, un poco desgarbado.
Y viajaron los tres hasta la alcaldía, en su auto raro, para presentar  una queja.
El alcalde comentó el tema reunido con sus consejeros. Luego sacaron una resolución:
-Esta es una ciudad de gente como la gente.
-No se recibe a chicos tan distintos, hechos de lana.
Después de resolverlo se fueron a comer a un restaurant.
La abuela golpeaba la aguja con la otra aguja.
-Qué alcaldía atontada, ésta.
 -¡Esta grosería supera mis límites!
Tejió un helicóptero, entonces, con lana doble.
Volaron en él hasta la capital, a ver al ministro.
El presidente y su gabinete discutieron el tema.
-¿Chicos hechos de lana y de aire?
Arrugaron sus narices diciendo:- Los maestros y el alcalde tienen razón !
No tenemos lugar para chicos de lana, chicos de ropa .
Mientras tanto, en las afueras del pequeño pueblito, y desde todos los rincones del país, muchos turistas viajaban para visitar la casa y su jardín tejido.
Todos admiraban asombrados el trabajo de la abuela.
El intendente y  los concejales firmaron un decreto, ordenando cercar la casita tejida, para cuidar las flores tejidas y el pasto, porque una casa así no la había  en todo el mundo, toda tejidita, toda de punto.
Pero no los ayudaron cercos ni vallados.
Porque la abuela tejedora se enojó muchísimo.
Volvió esa noche al pueblito y destejió la casa hasta sus cimientos tejidos, las puertas y las aberturas, el cerco, las flores, destejió todo rápidamente, no dejó hebra sobre hebra.
Todo volvió a sus agujas.
Las chinelas, las tortas, hasta los nietos.
Tomó su bastón nudoso y dejó el lugar para siempre.
Pero seguro  encontrará otro país, y tejerá todo de vuelta.
 Antes que nada tejerá a los chicos, sus nietos, para que vuelvan a reír y correr, la abuela tejerá todo lo necesario.
Y si allí habrá gente amable y dispuesta, que acepten a los chicos distintos, como  de ropa, la abuela tejedora se sentará, sin preocupaciones, y tejerá, tejerá, tejerá...


 Sobre Uri Orlev 

Hubo una literatura con temas truculentos, sanguinarios y feroces.
En Caperucita Roja un lobo devora a una abuela, luego a su nieta. En Pulgarcito siete hermanitos son abandonados en medio del bosque, donde se encuentran con el ogro que come niños crudos. En Blancanieves una reina, envidiosa de la belleza de su hija, ordena a un cazador que la mate. Este se apiada, pero luego la reina insiste y   le hace calzar unas zapatillas de baile enrojecidas al fuego, y allí sí muere Blancanieves.
Mitos, fábulas y leyendas, supersticiones y crueldad. Amarguras y miedo. Narraciones junto a los fuegos nocturnos y lecturas a la vacilante luz de las velas.
Oscurantismo.
Hubo una literatura infantil que se propuso superar la anterior. Se llenó de pedagogos y didactas, de amantes de los juegos, de madres protectoras y de poetas de lo bello. Escritores que quisieron con sus cuentos llevar a los chicos a transformar la realidad histórica y social de sus épocas. Algunos estaban convencidos que la literatura infantil era un instrumento para concientizar al pueblo  y recalcar la moral y la ética . Propiciaron un arte sencillo, didáctico, reflejo de las clases marginadas . Otros creyeron que los niños y jóvenes eran ñoños y estrechos.
Pero surge otra literatura . Emparentada con la segunda de las oleadas y modas, partidarios de una literatura renovada, lúdica, profunda, realista, conectada con la historia, pero sin negar los contenidos psicológicos profundos que encerraban los cuentistas de las primeras épocas de la humanidad. De la soledad y el terror cósmico a la vida en la ciudad moderna. De las lecturas escabrosas a la lectura placentera . Los autoritarismos se resquebrajan, los mecanismos de control social se abren como las tapas de un viejo reloj y la nueva literatura abre mundos y cabezas.
Gustavo Roldán, Graciela Montes, Laura Devetach, Marcelo Birmajer y tantos otros, entre nosotros. Ewa Janikowska, el maestro Gianni Rodari.
Lea Goldberg, David Grossman (particularmente “El libro de la gramática interior”), Uri Orlev, en Israel.
De éste último, uno de sus libros,  El hombre del otro lado es una novela de caracteres y conflictos étnicos y humanos complejos, dibujados con sutileza; amena y llena de acción, que aborda problemas delicados sin circunloquios.
Para Marek, criado en un hogar católico y vinculado a un universo antisemita, los judíos son seres desagradables y extraños; sin embargo, distintos acontecimientos lo llevarán a cambiar su visión. Primero, cuando se entera de que su verdadero padre, un comunista al que los alemanes dieron muerte cuando él tenía cuatro años, era judío; más tarde, cuando ayuda al señor Yusek, un judío que se ha escapado del gueto; por último, cuando combate a los alemanes junto a otros muchos jóvenes judíos. Las últimas páginas contienen una emotiva recreación de la trágica y heroica sublevación del gueto de Varsovia.
Aquí Orlev cuenta mucho de lo que conoció personalmente bajo el nazismo.
Nacido en Varsovia en el ’31 queda encerrado en el gueto con su hermano menor y su madre, al ser aprisionado su padre, médico y soldado polaco, por los rusos. Pasan la guerra, el hambre, la miseria y el levantamiento en el Gueto. Ya su madre y una tía habían sido asesinadas por los nazis  Es internado en el campo de exterminio de Bergen Belsen. Pero llega la liberación, de la mano de los  ejércitos aliados, y es encontrado  junto a su hermano., en un tren con destino desconocido, junto a cientos de otros jóvenes judíos.
Se hace cargo de ellos Aliat Hanoar, el organismo de la Comunidad Judía en Israel, y en el  ’45 llega a Israel donde vivirá casi 20 años en un Kibutz, luego en Jerusalén.
Y comienza a escribir. Primero tres novelas, luego cuentos. Publica 25 libros entre colecciones de cuentos o cuentos unitarios, ilustrados por grandes dibujantes. Es uno de los primeros guionistas de la radio israelí, luego para la T.V.
Recibe en el ’96 el Premio Hans Christian Andersen, equivalente al Nóbel en literatura infantil o juvenil.
Creemos que este cuento, que hoy publicamos, es un ejemplo de lo que mas arriba manifestábamos de una literatura comprometida pero también juguetona. Sin abiertas intenciones didácticas, pero polisémica, llena de múltiples interpretaciones.
 Un cuento literario, no conceptual, pero lleno de significaciones y sugerencias.
¿ Es tan irreal el mundo que la abuela es capaz de tejer?
Quiénes pueden llegar a ser los nietos, a quienes tan bella y dignamente es capaz de tejer y destejer para cruzar con ellos fronteras?
Es histórico, de este mundo, el mundo que teje, o sólo un jueguito?
Ficción pura, lector, y placer en la lectura. De esto se trata.