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domingo, 21 de noviembre de 2010

Fin del siglo XX

Fin del siglo XX
Desde mediados de la década del ochenta se produce un florecimiento de las letras hebreas, una nueva ola que se incrementó en los noventa e imprimió tanto una innovación generacional como temática. Entonces empezaron a publicar varios escritores israelíes jóvenes, nacidos en su mayoría en los años sesenta. Estos jóvenes ya no llevan como nombres de pila los bíblicos Abraham, Aharon, Moshé, David, Itzjak, sino que se llaman Uzi, Etgar, Gadi, Shoham, Ronit, todos nombres hebreos modernos.
Para entender este proceso, que se prolonga y profundiza hasta nuestros días, es necesario referirse a dos fenómenos que se desarrollan en el mundo, fuera de la particular historia de Israel, pero que influyen en él: la globalización y la posmodernidad.
La palabra globalización apenas era utilizada en los ochenta. Actualmente forma parte de nuestro vocabulario cotidiano y en general todos tenemos claro que está reestructurando nuestras vidas, independientemente del lugar del mundo en el que vivamos. La globalización es económica, política, tecnológica y cultural, por ello influye en los aspectos íntimos de la vida cotidiana. Las nuevas tecnologías de la información nos permiten estar en contacto con culturas muy diferentes a la nuestra y enterarnos de lo que sucede en muy lejanas partes del mundo de manera instantánea. Esta sociedad mundial no tiene un desarrollo lineal ni igual en las diferentes latitudes, sino que va haciéndose de manera anárquica, pero define nuestra cotidianeidad. Como bien lo expresa el sociólogo inglés Anthony Giddens, el mundo en el que vivimos hoy parece estar cada vez más fuera del control humano, se nos presenta como un mundo desbocado.
La sociedad israelí también está incluida dentro del mundo global en el que vivimos y sufre los efectos de la globalización. Por primera vez en el desarrollo de su literatura, lo que sucede en el mundo influye en los temas que aborda y en el estilo de su escritura. A diferencia de lo que sucedía a comienzos de los años sesenta, cuando la ola existencialista se expandía por Europa pero en Israel se escribía una literatura testimonial al servicio de la consolidación del Estado, en la actualidad la producción literaria puede enmarcarse en las tendencias occidentales del resto del mundo.
En este punto es necesario abordar el segundo gran concepto que nos ocupa: la posmodernidad. El primero en hablar de posmodernidad fue el crítico norteamericano Frederic Jameson en 1984, quien se refirió a ella como a un nuevo estadio de la historia, en el que el sujeto ya no está contenido dentro de parámetros estables. Jameson explicó que los cambios experimentados a nivel mundial, como la desmaterialización del dinero, el imperio del mercado y la unificación electrónica del planeta, modifican la subjetividad del individuo.  El concepto de posmodernidad dio lugar a una nueva sensibilidad: el predominio del espacio sobre el tiempo, la velocidad y la instantaneidad, la ambivalencia, el borramiento de los límites, el predominio de lo visual, el advenimiento de una cultura más vulgar. Estos cambios en la percepción son alimentados por los medios masivos de comunicación, en el marco de lo que se denomina una cultura del espectáculo.
¿Cómo influyen todos estos cambios en la literatura israelí? En primer lugar, los escritores que empezaron a publicar hacia fines del siglo XX son muy jóvenes. Esto significa que han crecido y han sido educados en el último cuarto de siglo, viviendo los procesos mencionados anteriormente. En segundo lugar, se publica una narrativa muy variada, que incluye diferentes géneros y tipos de ficción. Hasta los ochenta, la literatura israelí era seria y se ocupaba de grandes temas, su objetivo no era entretener, sino que estaba al servicio de la historia con mayúscula. A partir de entonces, cualquier tema puede ser abordado. El Estado de Israel ya no pretende fundir a sus habitantes en una sola cultura, como en los tempranos años de la independencia, sino que hay lugar para expresiones multiculturales y multitemáticas, como en el resto del mundo. En esta era global y posmoderna los límites son borrosos, las reglas se esfuman y parece que todo puede ser legítimo.
En la última década surgieron autores de novelas policiales, de suspenso y espionaje. La escritoraBatya Gur es la que tuvo mayor trascendencia ya que sus libros fueron traducidos a varios idiomas. También Shulamit Lapid escribió novelas policiales muy entretenidas, que incluyen un componente social y denuncias de casos de corrupción. Ram Oren es otro de los que incursionó en este género, con muy buena recepción entre los lectores.
Otra característica de esta nueva ola literaria es el cambio en el uso de la lengua. Estos jóvenes escriben en el idioma de la calle, apelando a numerosas expresiones en slang. Utilizan un hebreo despojado, alejado completamente de las alusiones bíblicas y talmúdicas, a veces difícil de interpretar hasta por los mismos lectores. Cuestionan la diferenciación planteada entre el idioma culto y el vulgar, plasmando en las páginas que publican una postura que no discrimina entre el registro oral y escrito. Algunos críticos definen este estilo de escritura como safá dalá (lengua magra, pobre). Estos escritores apelan a la habilidad del lector para relacionar intertextualmente lo que lee, mezclando temáticas y estilos diferentes en una misma obra. Ya no se ocupan de grandes temas nacionales como el destino del pueblo judío o el conflicto con los palestinos, sino que escriben sobre situaciones personales, experiencias en el ejército, la vida cotidiana, la calle, el barrio. Y lo hacen con mucha ironía, utilizando un humor ácido y en ocasiones negro, iluminando de otra manera temas dolorosos de la realidad israelí. La mayoría de ellos vive en Tel Aviv, escribe en diarios locales y produce guiones televisivos. Ellos son parte de una movida cultural urbana de la que participan los denominados yuppies (young urban professional), es decir jóvenes profesionales con un nivel económico e intelectual elevado. Algunos exponentes de esta nueva tendencia son: Iosi Avni, Gafi Amir, Gail Hareven, Uzi Weil, Shoam Smith, Yehudit Katzir, Ronit Matalon, Gadi Taub, Orli Castel Blum, Etgar Keret, Eshkol Nevó. 
Puede decirse que desde la Tejiá(Renacimiento) de las letras hebreas, recién en estos años la literatura israelí está viviendo el mismo proceso que se desarrolla en la literatura occidental. Laaldea global, concepto definido por Marshall McLuhan para ponerle nombre a la forma en que vivimos interconectados los habitantes del planeta, incluye también a la producción literaria de Israel.
Un fenómeno a destacar de este florecimiento de la producción literaria de fin de siglo es que arrastró también a los escritores más veteranos, quienes durante estos últimos años han revitalizado su escritura e incrementado su producción. Tal es el caso de S. Izhar, que dejó de escribir en los años sesenta y volvió a hacerlo en los noventa. Amos Oz publicó en el año 2002 su novela autobiográfica Una historia de amor y oscuridad, que ha sido un éxito de ventas y fue traducido a varios idiomas. A. B. Yehoshúa escribió El retorno de la India en 1994, Viaje al fin del milenioen 1997 y La novia liberada en 2001.                                                     
 David Grossman aportó varias novelas de gran repercusión en los últimos años: El niño zigzagen 1994, Alguien con quien correr en el 2000, En otra vida en el 2002. Otro de los autores que publicó varias obras en esta época es Meir Shalev, quien a partir de Novela rusa (1988) publicó Esav (1991), Como unos cuantos días (1994) y recientemente Fontanela (2002).
Una referencia especial merecen las mujeres que escriben. En esta última década surgieron varias que empezaron escribiendo la clásica literatura femenina realista y que evolucionaron hacia una escritura muy variada que comprende todo tipo de ficción. Las escritoras veteranas Amalia Kahana – Carmon, Yehudit Hendel y Shulamit Hareven, son las que abrieron el camino, pero en la última década surgieron muchas: Shifra HornZruya Shalev, Mira Margen, Yael Hedaya, Dorit Rabynian, Avirama Golán. Otra escritora que ha producido varios best sellers es Galila Ron Feder Amit, quien desde 1971 publicó más de 200 libros infantiles y juveniles y en los últimos años produjo varias novelas. Yehudit Katzir es también una joven y prolífica escritora que en la década del noventa aportó varios títulos. Gabriela Avigur Rotem, Savyon Liebrecht,  Ioji Brandes son otras de las escritoras que publican continuamente durante los últimos años.
            El escritor español Javier Marías se preguntaba en 1995, al recibir el Premio Rómulo Gallegos: “¿Por qué seguimos leyendo novelas y apreciándolas en serio y hasta premiándolas, en un mundo cada vez menos ingenuo? Nos hemos acostumbrado tanto a este género, que consideramos enteramente normal el acto de abrir un libro y empezar a leer lo que no se nos oculta que es ficción, esto es, algo no sucedido, que no ha tenido lugar en realidad”. Ante este legítimo cuestionamiento, es posible esbozar una respuesta: la narrativa no tiene como objetivo explicarnos la realidad, pero la ilumina con otra luz. Es quizás eso, lo que buscamos los lectores en la producción literaria de los nuevos escritores israelíes.