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Biblioteca Virtual Hispanica

domingo, 21 de noviembre de 2010

La década del setenta

La década del setenta
Este período constituye una bisagra en la corta vida del Estado de Israel. Por un lado hace eclosión el conflicto étnico-cultural que se gestó a partir de la inmigración masiva que se produjo en los años cincuenta de judíos provenientes de países musulmanes como Marruecos, Irak, Yemen, Siria, Egipto. Sus hijos, nacidos en Israel o llegados de muy pequeños, crean el movimiento de protesta “Panteras Negras” en 1971, que se enfrenta con el establishment ashkenazi. Por otro lado, la “Guerra de Yom Kippur” en 1973 cambia por completo el aire que se respiraba desde la expansión israelí de 1967. La combinación de estos dos procesos trajo como consecuencia la asunción del líder del Likud Menahem Beguin al poder en 1977 y el cambio rotundo del mapa político del país.
La producción literaria también se vio modificada por estos sucesos. Surgió una literatura de protesta, cuyo origen se encuentra en dos comedias musicales escritas por dos escritores ashkenazies: Ygal Mossinsohn, autor de Casablan, y Efraim Kishon, autor de Salah Shabati. En ambas obras, también llevadas al cine, se trata la problemática de la comunidad marroquí, en un tono cómico pero crítico a la vez. Esta temática se instala en las letras hebreas y surgen autores, algunos de ellos no son oriundos de estos países, que escriben sobre la marginalidad social de este grupo étnico: Albert Suissa, Yehuda Burla, Itzjak Shemi, Hayim Hazaz. Más adelante empiezan apublicar Shimon Balas, Sami Mijael, Yehuda Amir, Amnon Shamosh, Itzjak Ben Ner, Eli Amir, Aharon Shabtai, Erez Biton. Todos ellos enmarcados en el realismo social y en la asunción de la identidad oriental como valor cultural.
Dos temas que atraviesan la producción literaria: el conflicto árabe israelí y la Shoá. 
La visión del conflicto asumió en la literatura diferentes tendencias:
  • La actitud romántica que ve al árabe como el buen vecino, con quien se puede convivir pacíficamente. El judío se siente orgulloso de su origen occidental y culturalmente superior. Los jalutzim niegan la Diáspora, tratan de asimilar el paisaje y las costumbres de la región y se produce una cierta integración con el árabe, que aparece totalmente estereotipado.Yehuda Burla y Moshé Smilansky escribieron asumieron esta actitud, especialmente en la época previa a la Declaración de la Independencia.
  • La actitud ideológico-moralista en la que el judío contempla la tragedia del árabe con un sentimiento de autoculpa. Se produce una crisis moral, en la que se derrumban los valores judíos. A partir de 1948, quedan cerradas las salidas que propiciaban un entendimiento con los árabes y el judío comprende que el otro también vive un drama. S. Izhar, Aharón Megged, Binyamin Tamuz, se inscriben en esta actitud.
  • La actitud de angustia existencial: hasta 1967, Jerusalem está dividida y el árabe pasa a ser una pesadilla invisible que acecha al judío, sin convivir con él. Reinan sentimientos de angustia, asedio y amenaza por estar rodeados de enemigos. Asumen esta posición Amos Oz, A. B. Yehoshúa, Moshé Shamir, quienes se identifican políticamente con las palomas.
  • En la actitud nacionalista la angustia y la asfixia generan ansias de poderío y deseos de expansión. Estos escritores no están dispuestos a aceptar los límites de su territorio. Algunos de ellos son Uri Tzvi Grinberg, Aharón Amir, Yonatán Ratosh, identificados políticamente con los halcones.
El otro gran tema que atraviesa la literatura hebrea es la Shoá. Los primeros años que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial estuvieron signados por el estupor y el silencio, que se manifestó también en la literatura. Los sobrevivientes llegados a Eretz Israel, contemporáneos de lageneración del Palmaj  y la generación del Estado, son acogidos por éstos en el marco del mito del hombre nuevo. El Estado institucionaliza como día de recuerdo la fecha del Levantamiento del Ghetto de Varsovia y lo denomina Iom Hashoah Vehagvurá, Día de la Shoá y del Heroísmo, construyendo de esta manera el mito nacional de heroísmo y martirio. El juicio a Eichman, en 1960, constituye una catarsis colectiva sobre la Shoá. El escritor K. Tzetnik, sobreviviente y testigo en el proceso, acuña por primera vez la frase Planeta Auchwitz expresando la imposibilidad de poner el horror en palabras. Los testimonios que se escucharon durante el juicio permitieron reducir el mito a vivencias concretas y aportaron a la socialización del horror. A partir de esto, aparecieron numerosas producciones sobre el tema: Aba Kovner, Dan Pagis, Itamar Yeoz Kest en poesía;Aaron Appelfeld, Yonat y Alexander Send, Yehudit Hendel en prosa, son sólo algunos de los autores. Casi todos ellos provienen de hogares cultos y asimilados, sobrevivientes del horror, que accedieron a la lengua hebrea a una edad tardía. 
Más adelante empezó a escribir sobre el tema la segunda generación, es decir los hijos de sobrevivientes, nacidos en Israel. Autores como David Grossman y Meir Wisseltier expresan una visión más humanizada y desacralizada de la Shoá. Con la incorporación de la tercera generación a la producción literaria, queda demostrado que el tema no pierde vitalidad, que es un dato genético en la vida del israelí y que forma parte de una memoria colectiva que constituye su identidad.