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jueves, 28 de julio de 2011

¿Destruir libros para conservarlos?



 Digitalizar libros que las editoriales no ofrecen en ebook parece una tendencia que va ganando fuerza en algunos países. En el caso de Francia nos llega el ejemplo de Numérise, una empresa web que ofrece a sus usuarios la posibilidad de pasar sus libros físicos a formato digital. 
El caso de Numérise sigue la estela de otras empresas, sobre todo japonesas, que llevan ya unos años ofreciendo sus servicios de digitalización. Hasta ahora, sin embargo, las empresas se ofrecían para trabajar con bibliotecas particulares enteras, con cientos de volúmenes, algo en lo que Numérise se diferencia, ya que ellos trabajan libro a libro y cobran por número de páginas -de cinco a ocho euros las primeras cien páginas y luego en bloques de un euro- ofreciendo el resultado en PDF o en ePub.
¿Cómo ha logrado un sistema en el que trabajar con libros individuales? Bien, lo primero es que se aseguran, mediante una muestra del texto, que su sistema puede digitalizar bien el libro. Luego, tras recibir el libro físico por correo, lo desmontan y recortan para no tener que utilizar escáneres caros o tecnologías de doble cámara como ha hecho Google.
Por un lado, como negocio, han logrado optimizar el proceso, y, desde luego, es un buen servicio para aquellos que han dado el paso definitivo de abandonar el libro físico y abrazar el digital. Quizá con aquellos libros descatalogados, medio rotos y que todos tenemos cogidos con pinzas en la biblioteca, sea una buena opción, ya que muchos de esos libros se volverán quebradizos y, finalmente, desaparecerán. 
No sé hasta que punto las leyes de derechos de autor permiten la digitalización de un libro para uso personal en España y en Europa. Como curiosidad, en Japón sí que está permitido dentro de los derechos de copia personal y se ha desarrollado una curiosa costumbre de «Hágalo usted mismo» (DIY) llamada Jisui «cocinar para uno mismo» que se dedica a pasar por un software de reconocimiento de caracteres (OCR) los libros físicos que se compran. Con un par de retoques quedan maquetados y los pasan a su ereader. Eso no es muy diferente de lo que ya pasa en España en algunas comunidades web, aunque la diferencia con Japón es que allí la copia queda estrictamente en el ámbito de lo personal