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jueves, 17 de noviembre de 2011

Santa Bernardina del Monte


Leo Maslíah (Uruguay)

Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.
Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.
-¿Qué hago, mamá? -preguntó un joven- ¿atraso el reloj?
-Por supuesto, hijo: debemos ser respetuosos de las disposiciones de la autoridad - contestó la madre.
Todos los habitantes de Santa Bernardina del Monte obraron en consecuencia con ese precepto. Pero una hora después los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. Nuevamente los pacíficos habitantes de Santa Bernardina del Monte atrasaron sus relojes una hora. Se pusieron entonces a esperar el transcurso de los sesenta minutos que faltaban para volver a atrasar los relojes. Pero algunos tenían sueño y se fueron a dormir, no sin antes dejar turnos establecidos de tal modo que siempre hubiera alguien despierto a la hora de atrasar el reloj.
A la mañana siguiente seguían siendo las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después era la cero hora del día veinticinco, e inmediatamente después volvían a ser las veintitrés del día veinticuatro. Faltaban nueve horas para que abrieran las oficinas y los comercios. Una hora después faltaban ocho, pero en menos tiempo del que tardaba un gallo en cantar -y efectivamente había muchos gallos haciéndolo- volvían a faltar nueve.
Los habitantes de Santa Bernardina del Monte, de mantenerse este estado de cosas, habrían muerto de inanición. Sin embargo muy otra fue la causa de su muerte. Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado, y dio parte de ello a sus superiores. Poco después, diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos. Los relojes del pueblo, entonces, quedaron divididos en dos categorías: los que averiados por las balas, estaban clavados en una hora entre las veintitrés y las veinticuatro, y los que seguían marchando libremente, pudiendo llegar hasta más allá de la cero hora sin que nadie los tomara por las agujas para atrasarlos. De todos modos algunas horas después ellos solitos volvían a marcar las veintitrés, como si sintieran nostalgia de sus disciplinados
dueños, que en paz descansen.

Leo Maslíah (Uruguay)
Breve reseña sobre su obra
Músico y escritor uruguayo nacido en Montevideo en 1954. Estudió piano y composición. En 1974 se presentó por primera vez en público como solista de órgano interpretando un concierto de Haendel. A partir de 1978 desarrolla una intensa actividad como autor e intérprete de música popular. En el 2008 ganó en Argentina el Premio Gardel al mejor álbum instrumental por su disco Árboles. Como escritor publicó cerca de 40 libros, entre los que se cuentan novelas, recopilaciones de cuentos y obras de teatro. En 1994 fue nominado por la Fundación Konex entre las cien mejores figuras de las letras argentinas de la década 1984-1994. Su obra Telecomedia fue distinguida con el Premio del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay, en el año 2000. 
Entre sus libros publicados se encuentran las novelas Historia transversal de Floreal Menéndez (1985), Tarjeta roja (1991), Mentirillas (1993), Ositos (1997), Líneas (1999), Servicio de Habitación (2002). Y las colecciones de relatos Un detective privado ante algunos problemas no del todo ajenos a la llamada "música popular" (1984), Teléfonos públicos (1987), La tortuga (1990), La mujer loba ataca de nuevo (1992), La miopía de Rodríguez (1994), Carta a un escritor latinoamericano y otros insultos (2000), Horóscopos y otras sentencias (2003), Cuentos impensados (2008).

Santa Bernardina del Monte pertenece a La tortuga, publicado por Ediciones de la Flor.