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lunes, 14 de mayo de 2012

Los ritos funerarios en la antigua Roma




El punto de vista de los romanos sobre el “más allá” explica la importancia que concedían al entierro ceremonial de los muertos. El alma, pensaban, sólo podía encontrar descanso cuando el cuerpo había sido debidamente depositado en el sepulcro. Hasta que esto ocurría los duendes de la casa vagaban tristes llevando la infelicidad a los vivos. En el caso de un cuerpo perdido en el mar o que por cualquier razón no se pudiese recuperar, la ceremonia se llevaba a cabo igualmente y se erigía una tumba vacía (cenotaphium).

Asistentes a un funeral
La inhumación era la forma tradicional que tenían los romanos de deshacerse de sus muertos, aunque se sabe que la cremación era una práctica muy extendida, probablemente por motivos de higiene. Aunque practicasen la cremación, siempre reservaban parte de los restos (un dedo del difunto era suficiente) para sepultarlo en la tierra. La inhumación nunca se interrumpió por completo, pues la cremación era demasiado costosa para las clases más humildes.

Las Doce Tablas prohibían la sepultura e incluso la quema de los muertos dentro de las murallas de la ciudad. Para los más pobres, los lugares de sepultura se hallaban localizados en campos fuera de los muros, y los ricos hacían sus tumbas tan visibles y ostentosas como se lo permitieran sus medios, con la esperanza de que las inscripciones sobre los monumentos mantuvieran vivo el recuerdo del difunto. A tal fin se alineaban durante kilómetros a lo largo de las grandes calzadas hileras de tumbas, con la arquitectura más elaborada y costosa.

Tumbas de Pompeya
Dentro de las tumbas, la parte más importante era el sepulcrum. También a menudo se erigían pequeños altares donde se realizaban ofrendas a los espíritus de los muertos. El interior estaba decorado de forma similar a las casas y se colocaban objetos que utilizaba el difunto en su vida cotidiana.

En la época de Augusto, los romanos empezaron a construir otro tipo de estructuras funerarias destinadas a albergar un gran número de urnas con los restos de los difuntos, como forma de que los más pobres pudieran acceder a una sepultura ya que comprar un terreno era demasiado costoso. Eran construcciones rectangulares con gran número de nichos dispuestos en forma horizontal o vertical. Por su parecido con un palomar fueron llamados columbarios.

Columbario

Las ceremonias fúnebres
Los relatos de ceremonias fúnebres que han llegado hasta nosotros se refieren casi exclusivamente a las de personas de alta posición. Se sabe, sin embargo, que los niños pequeños eran enterrados sin ceremonias, así como los esclavos. A los ciudadanos de la clase más baja se les enterraba sin cortejo fúnebre. Se sabe también que los entierros tenían lugar de noche, excepto durante el último siglo de la República y los dos primeros del Imperio.

Cuando un romano moría en casa rodeado de la familia, era el deber del hijo mayor inclinarse sobre el cadáver y llamarlo por su nombre con la esperanza de que retornase a la vida. A continuación se pronunciaban las palabras“conclamatum est”, se cerraban los ojos al difunto y el cuerpo era ungido y lavado con agua tibia. Se le vestía con la toga y se le colocaban todas las insignias que había tenido derecho a utilizar en vida. En la puerta de la casa se colocaban ramas de pino o de ciprés, como advertencia de que la vivienda estaba contaminada por la muerte.

Urnas funerarias
El cortejo fúnebre de un ciudadano corriente era bastante simple. Se notificaba a los vecinos y amigos y el cuerpo era trasladado a hombros de los parientes más cercanos hasta la sepultura. La procesión de los poderosos, por el contrario, era calculada y preparada con el máximo de ostentación posible y en ella participaban bandas de música, artistas y bufones.

Una vez que el cortejo llegaba al lugar del entierro se llevaban a cabo tres rituales: la ceremonia de consagración del lugar de descanso, la selección de la tierra sobre la que descansarían los restos y la purificación de toda mancha de la muerte. Si el cuerpo debía ser quemado se excavaba un hoyo poco profundo y se llenaba de madera seca, sobre la cual se colocaba el cadáver. Después de todos estos ritos se sacrificaban animales que eran comidos por los dolientes. Luego la familia regresaba a la casa, que era purificada mediante una ofrenda a los Lares, y así finalizaba el rito funerario.