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domingo, 13 de mayo de 2012

¿Podremos Desconectarnos Alguna Vez?


·         ¿Podremos Desconectarnos Alguna Vez?

 

·                                 por Yvette Alt Miller

 





Nuestra zona familiar libre de artefactos electrónicos.

La prominente fundación de investigación de la familia Kaiser recientemente sorprendió a Estados Unidos con un innovador estudio sobre el uso de medios de comunicación entre los niños estadounidenses. De acuerdo a los resultados, el promedio de niños y adolescentes entre 8 y 18 años de edad pasa más de siete horas y media al día utilizando medios electrónicos. Eso es 53 horas a la semana en internet, enviando mensajes de texto, mirando TV, hablando por teléfono, jugando videojuegos, o (muy probablemente) haciendo más de una de esas actividades a la vez.
Eso es más de lo que la mayoría de los adultos pasan a la semana en el trabajo. De hecho, descontando el tiempo de dormir y de escuela, los niños norteamericanos están básicamente siempre conectados a un aparato electrónico.
Siendo la madre de cuatro niños, estaba aterrorizada. Es cierto que mis hijos no pasan ni remotamente cerca de siete horas al día jugando con artilugios electrónicos. Pero son pequeños, pensé. Mi hijo mayor tiene sólo ocho años; quizás con el tiempo él también adoptará esta nueva tendencia americana.
Puede que sea la nueva tendencia americana, pero creo que es una tendencia desafortunada. La gente ansía experiencias “reales”. También ansiamos conexión con otra gente.

El alto uso de la electrónica para la interacción social puede hacer que la gente se sienta aislada socialmente y deprimida.
Ha habido una multitud de estudios científicos que demuestran que el alto uso de soportes electrónicos para la interacción social puede hacer que la gente se sienta aislada socialmente y deprimida. Muchos de nosotros nos identificaremos con las palabras de la Dra. Patricia Greenfield, quien dirige el Centro de Soportes Digitales para Niños (una colaboración entre la UCLA y la California State University): “Los seres humanos evolucionan en base a la comunicación cara a cara. La presencia de otra persona de carne y hueso gatilla emociones humanas importantes como la empatía. Puede que estemos reduciendo tales emociones en niños y jóvenes que están en una etapa de desarrollo, al reducir la comunicación cara a cara y aumentar la electrónica”.
Si bien la Dra. Greenfield (al igual que muchos de nosotros) reconoce que las invenciones modernas como Internet tienen usos y beneficios excelentes, al igual que desventajas, sus palabras parecen capturar algo esencial en la comunicación social de hoy en día. En nuestro mundo acelerado, podemos hacer y aprender mucho, pero demasiado a menudo estas nuevas habilidades no logran hacernos sentir más felices o más realizados. Puede haber un sentimiento de que falta algo. A pesar de todas las conexiones instantáneas, la necesidad básica de una relación con algo sólido está quedando insatisfecha.

Yo pensaba que el estilo de vida que mi esposo y yo elegimos, resguardaba a nuestros hijos en contra de la seducción del uso excesivo de tantos medios electrónicos. Después de todo, estamos criando a nuestros hijos en una casa sin TV. Estoy criando a mis hijos para que respeten valores como la honestidad, la integridad, la monogamia y la modestia. Y debemos reconocer que, hoy en día, estas cualidades están ausentes en muchos programas de TV.
Otra razón por la cual no miramos TV, es porque no es un uso constructivo del tiempo. Si están aburridos, prefiero que jueguen con un amigo o con alguno de sus hermanos, que construyan algo, que hagan un hermoso proyecto, o que aprendan algo nuevo, antes que se conviertan en “zombis” en frente de la TV.
Entonces, en base a esto, yo me sentía segura: No espero que mis hijos comiencen a mirar mucha TV en el corto plazo. Pero eso cuenta solamente para una fracción de la dieta típica que un niño lleva con los medios electrónicos. De hecho, el mismo día que leí los resultados de la fundación Kaiser, mis dos hijos mayores volvieron a casa de la escuela con notas de sus maestros dirigiéndonos a un sitio web en donde podrían jugar divertidos juegos que los harían repasar el deletreo de las palabras de la semana. Por primera vez en años, mis hijos dijeron que no querían que yo los examinara, en cambio lo harían en la computadora.
Estaba entristecida por esta nueva iniciativa. Siempre había disfrutado tomarles pruebas de deletreo, y mientras los miraba jugar a deletrear palabras en la computadora (con sus hermanos menores reunidos alrededor mirando, por supuesto) pensé más y más en el estudio Kaiser. ¿Era este el principio del fin? ¿Estaban mis hijos comenzando a alejarse de mí, y de la interacción humana verdadera, metiéndose en un mundo de estimulación electrónica?
El estudio también señaló una interesante tendencia nueva: la mayoría de los niños hacen muchas cosas al mismo tiempo. No pensé mucho en esto hasta más adelante aquella semana, cuando me encontré con algunas viejas amigas para tomar un café. Nos encontramos en la cafetería, elegí una mesa y me senté –luego mis dos amigas metieron inmediatamente sus manos en sus carteras, sacaron sus celulares y los pusieron sobre la mesa. Hablamos un poco y luego, mientras hablábamos, una amiga miró hacia abajo, leyó un mensaje de texto, y respondió rápidamente. La miré incrédula, pero ella simplemente continuó nuestra conversación como si nada hubiese pasado.
Unos pocos minutos después, la segunda amiga también respondió a un mensaje de texto, y mientras estaba escribiendo, la primera aprovechó la oportunidad para enviar otro mensaje desde su teléfono. Esto se estaba poniendo ridículo. “¿Para qué están escribiendo?”, pregunté, subiendo un poco el tono. Las dos me miraron, sorprendidas por mi tono. Una explicó que estaba ayudando a una amiga que estaba atravesando una crisis, ¿Qué tiene eso de malo? La otra contestó que su marido necesitaba su opinión para hacer algunos planes sociales; responderle sólo le tomó un minuto.
Me quedé mirando a mis amigas, boquiabierta. Es cierto que ayudar a una amiga o responder una pregunta del marido no tiene nada de malo, pero igualmente sentí que nuestra conversación no estaba tan enfocada, no era tan “real” como debería haber sido.
El día siguiente era viernes. Todavía estaba alterada por los eventos de la semana. Como siempre, el viernes era un día ajetreado para mí, con Shabat comenzando al atardecer, y desde ese momento hasta el sábado a la noche nos abstenemos de actividades como cocinar, escribir y utilizar aparatos electrónicos. Estaba trabajando para preparar nuestras comidas de Shabat cuando mis hijos volvieron de la escuela. Les pregunté cómo les había ido en sus exámenes de deletreo. Era la primera semana en la que se habían preparado utilizando los juegos online. ¿Cuáles fueron los resultados?
Mis dos hijos mayores bajaron sus cabezas. Usualmente les va bien en estas pruebas, pero esa semana había sido un desastre: cuatro errores, tres errores. Para nada su nivel usual.
Los miré, y luego miré a nuestra hermosa mesa de Shabat que ya estaba preparada. De repente, la preocupación que me había estado persiguiendo toda la semana comenzó a desaparecer. Por un día entero nadie en nuestra casa utilizaría ni un solo ítem electrónico: ni un teléfono, ni una radio, ni una computadora, un iPod o un Blackberry. Esto sería un tiempo 100% libre de distracción. Si deseáramos hablar con alguien, debería ser en persona. Si jugábamos a algo, debería ser algo que pudiéramos tocar físicamente.
Y luego me di cuenta de que Shabat tiene el poder de iluminar el resto de la semana también. “¿Saben qué?”, le dije a mis hijos. “Ya no más practicar deletreo con la computadora. Desde ahora, lo haremos juntos, de la manera tradicional”. Ellos asintieron y fueron a prepararse para el maravilloso día de Shabat – nuestra zona familiar libre de artefactos electrónicos.