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Biblioteca Virtual Hispanica

lunes, 2 de julio de 2012

UN POEMA DE CARLOS LASSO CUEVA


ROSA LUXEMBURGO

Ella fue un sol que permanece iluminando rostros calles oscuras
siluetas vigiladas por la avalancha
brazos desconectados de la circunferencia maciza
preguntas expresadas al amanecer
manos amigas apuntando hacia el recuerdo y la memoria,
perseguida por el odio
anduvo con su clarividencia en la época del susto
serena frente al conmovedor sollozo  del destino
cantó su epifanía que fecundizó sueños,
promesas de la lluvia,
jardín lleno de gracia en el oscuro fondo del conflicto,
lúcida voz que trepó las murallas,
anunció la nostalgia del futuro,
ella y su lucidez terrible en el maremoto,
impasible su camino de sembradora,
redentora del viento y los caminos,
el rigor teórico acompañado de ternura,
dejó senderos puros para la memoria,
grilletes, espejismos,
el canto fue una luz que salió desde el fondo de la estrella,
el verbo se hizo día en el rincón más pobre,
enfrentó la ráfaga en el año del miedo,
fue avasallada por la muerte mientras cantaba.
 
Aqui estamos sus hijos desnudos en el tiempo del hambre,
del fuego y las penurias,
del fuego que atenaza la tarde en el invierno,
corriendo al templo de la vida para atrapar su luz,
corriendo en el fervor del aire unánime,
invictos como ella,
firme rayo amoroso,
árbol eterno,
íntimo beso del mañana,
rescate de ternuras en la magia del agua,
dulce y triste parábola que derribó la noche
en la pesadilla cobarde,
ella riega su miel vivificante
que fecundiza el himno del coro vertical
que se dispone a asaltar el paraiso.
Tú y tu temida voz desenmascaran al siglo del ocaso, podredumbre de la fábula siniestra,
los brujos aún se espantan
cuando en medio del aire te apareces terrible y justiciera,
pareces la venganza en el horrible día que está próximo,
próximo a la fiesta universal que está en camino,
a la hazaña de la música
en el retumbar apocalíptico del fin del tiempo de la muerte.