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viernes, 12 de octubre de 2012

La conspiración anglosajona contra España


La conspiración anglosajona contra España

¿Están los medios de información de Estados Unidos y Gran Bretaña confabulados contra España?. Lo dudo.
Periódicos y reportajes radiofónicos de ambos países han ofrecido en estos días abundantes crónicas y análisis en los que no faltan las notas pesimistas sobre nuestro presente y nuestro futuro. Es cierto, ya hemos escrito repetidamente en estas páginas que desde hace tiempo resulta nocivo que los medios extranjeros se ocupen de nosotros y lo malo es que lo hacen. Sería mejor que nos ignoraran. Ahora bien, corresponsales y observadores foráneos se limitan a reflejar lo que ven o leen en España.
En el mandato de Adolfo Suárez, cuando el primer presidente del Gobierno de la democracia recibió, primicia en Europa, a Arafat, hubo un perceptible giro en la percepción del político español por parte de alguna prensa estadounidense que comenzó a criticarlo. Influencia del lobby judío, concluirían algunos. No se ve ahora que lobby organizado podría estar detrás de las noticias desalentadoras sobre España. Las deducciones de los analistas extranjeros, prescindiendo de la foto tremendista del mendigo y la basura del 'New York Times', son en su conjunto realistas.
Si Cáritas afirma que su asistencia a necesitados españoles se ha multiplicado en cifras sin precedentes, si la Cruz Roja hace otro tanto y los medios de información españoles  dan amplio eco al hecho no es ilógico que el 'New York Times' y el no anglosajón 'Le Monde' lo reproduzcan. Si brota la ominosa y mala nueva de que el paro alcanza el 25%, aunque en esa cifra haya un enorme porcentaje de fraude, la prensa estadounidense, país en el que el desempleo es del 7´8% y es considerado alto, no tiene más remedio que concluir que la situación en España es bastante lamentable. Si un extranjero creador de opinión residente en España ve las reticencias de varias autonomías ante las indicaciones de Madrid o al principal partido de la oposición dividido sobre la forma de encarar cuestiones fundamentales de España como nación los informes que transmite a su radio, empresa o fondos de inversión no es halagueña.
Por último, "last but not least" que diría un sajón, está la cuestión catalana.  ¿Qué despachos o informes transmitirá un cónsul general europeo, o asiático o iberoamericano a su respectivo gobierno si un día contempla que el presidente de una zona que es uno de los pilares de la economía y población españolas afirma con desparpajo que a él no le preocupa la unidad de España? ¿Si antes de que en su sede hayan digerido la frase envía otro informe en el que cuenta, desmenuza lo que a lo mejor en su país han visto por la televisión, un partido entre dos colosos del fútbol mundial convertido, por obra y gracia del club local y de las autoridades catalanas, en una gigantesca manifestación del secesionismo? ¿ Cómo explicará este diplomático o el director de una sucursal bancaria extranjera que un sketch televisivo en el que se dispara contra el Rey y contra un periodista "traidor" a Cataluña arma en aquella comunidad autónoma mucho menos revuelo que la doctrina del ministro Wert sobre la enseñanza en español y catalán? El ministro Wert de Educación fue un poco ingenuo al no percatarse de que su frase de españolizar a Cataluña sería raudamente sacada de contexto y presentada en muchos medios como un intento de volver al franquismo y de poner cortapisas al uso del catalán, poco menos que de sofocar a esa lengua. El conjunto de la filosofía del ministro no era nada ofensivo y quería lógicamente defender tanto a una lengua como a la otra pero la interpretación que se ha dado en numerosos ambientes catalanes habrá llevado a la convicción del diplomático o banquero extranjero de que hay una brecha enorme entre no pocos catalanes y el resto de los españoles y que hay gente interesada, muy interesada en que esa brecha se agrande irremisiblemente.
No podemos extrañarnos de que la agencia Standard and Poor's nos rebaje la calificación y alegue las tensiones entre el gobierno y alguna autonomía como una de las causas para hacerlo.     No hay ninguna conspiración por parte de la agencia. Observa, suma o resta y concluye. Y no olvidemos que no hay clientes insidiosos detrás de la agencia. Su cliente, en definitiva, es el Gobierno español.