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jueves, 20 de junio de 2013

Blogueros de antaño

Leyendo a sorbos Juventud, Egolatría de Pío Baroja, se me ocurre: estaría bien que alguien montara una plataforma de blogs que se titulase blogueros de los años 20, o blogueros del pasado. O proto-blogueros. O blogueros de antaño. ¿Con qué fin? Sólo el de actualizar a algunos autores de voces vivas a los que se les lee más bien poco o nada o despistadamente, o sea, lo que viene siendo resucitar a los muertos. Baroja, ya digo, es nuestro contemporáneo sólo con devolverle la voz adaptada a los tiempos que corren, y no veas cómo corren. En un recipiente distinto a las crujientes páginas de esta edición de Caro Raggio del año 1920 que leo poco a poco. El libro de Baroja, ¿qué es sino un blog? Cada mañana, en esa plataforma que propongo, se podría colgar una entrada y lo podríamos poner en nuestra barra de favoritos y leer un apunte de Baroja antes o después de leer la entrada del día de Trapiello, o la de Felipe Benítez, o la reseña de Estado Crítico o lo que sea.
El autor, en la nota inicial, confiesa que, para zafarse del ruido de los cañones, el escritor tiene derecho a tejer telas de arañas porque a veces esas telas de araña son algo y el ruido de los cañones muchas veces no son nada, y define su libro como una exudación espontánea, y se echa a hablar al tuntún, por el placer de hablar, cuenta anécdotas, impresiones de lectura de Diógenes Laercio o Salustio, da collejas de vez en cuando, se defiende de algún ataque según su sabia táctica de encogerse de hombros, desvela las razones por las cuales la literatura española no tiene peso ninguno en el mundo. También, porque no deja de ser Baroja, se zambulle en la ancha piscina de las generalizaciones para decirnos que los alemanes son así y los italianos asá. Es un Baroja muy delicioso, dado al arte del fragmento o el apunte rápido o la impresión pasajera, hay días en los que no le sale más que una banalidad y otros en los que agarra al vuelo un recuerdo cualquiera o dedica unos párrafos a reafirmar algo que ha dicho otro (Azorín casi siempre, Baroja casi siempre le da la razón a Azorín siempre que Azorín haya hablado de Baroja, lo que me lleva a pensar en que Azorín podía entrar en ese blog de Baroja para dejar sus comentarios, de hecho podrían dejar sus comentarios sobre las entradas diarias de Baroja un montón de escritores, desde Ortega y Gasset a Umbral, los dos metiéndose mucho con Baroja, y Azorín defendiéndolo todo el rato, y Felipe Alaiz, para quien Baroja era lo único que podía salvarse de la literatura española del siglo XX, vivos de repente todos en esa página). Si se suman a los textos de Juventud, idolatría  las muchas y no menos deliciosas páginas de Las horas solitarias, o los ensayitos de La sensualidad pervertidao los de La Caverna del humorismo, o las frescuras del Tablado de arlequín, tenemos blog de Baroja hasta el 2090.  
Es fácil encontrar otros ejemplos de protoblogs en nuestros años 20. De hecho casi todo Camba podría servir para hacer compañía a Baroja en esa plataforma de blogs. Y no digamos Azorín, incluso el Azorín que no habla de Baroja, el Azorín que habla de los libros que le ha entregado el cartero o acaba de levantar en la Cuesta de Moyano. Y hasta Unamuno, cuyos siete tomos de ensayos, convenientemente sajados, darían para un blog estupendo, si se les baraja -o se les baroja- con sus impresiones de viajes por Portugal (y que entre a comentar alguna de sus entradas portuguesas Fernando Pessoa). Y otros autores, menos conocidos, nada leídos, como Arturo Mori, autor de un libro de impresiones titulado Run-Run, donde se dan igual unas recomendaciones para preparar bien un cocido que se crítica con humor lo fácil que les resulta a los parlamentarios emborracharse -un tema de la mayor actualidad. Y no olvidemos al primer Antonio Espina, el autor deDivagaciones: desdén. Dependiendo del autor se podrían incluso combinar textos de diferentes géneros: por ejemplo en el caso de Espina, yo iría colocando las impresiones de su primer libro y de vez en cuando metería alguno de sus poemas ultraístas o de sus vertiginosos cuentos de Revista de Occidente. De Eugenio d'Ors ni hablamos. Su blog sería de los que permitirían al editor colgar una entrada diaria sin miedo a que se le acabe la metralla antes del fin del mundo. Sólo con los  tomos del nuevo glosario tienes para un lustro -creo que no llegó a publicar uno que anunció con el títuloGlosas del balompié y otros juegos- y con las miles de páginas del Novísimo glosario ni te digo.
Dada la diferencia de tono y ambiciones que tiene el blog como recipiente literario podría incluso ampliarse la nómina de protoblogueros a los poetas, a algunos poetas. Gran bloguero -tan personal, tan distinto- sería J.R.J. Una mañana unos cuantos aforismos. A la mañana siguiente una carta en la que se defiende de una acusación o suelta un chisme por el gusto de hacerse el malo y de demostrar que la blanca dentadura no le sirve sólo para sonreír, que también sabe morder. Por fin, al día siguiente, unos versos, y más tarde, unas horas después, esos mismos versos puestos en prosa para, poco después, ya casi de madrugada, esa misma prosa vuelta otra vez verso. Y con cada entrada suya, decenas de comentarios tomados de la correspondencia de Salinas con Guillén, tomados de los libros de Bergamín, de los recuerdos de Juan Guerrero, de los diarios de Gil de Biedma. Y J.R.J contestándolos todos, contestando incluso a los que no hubiera podido contestar porque estaba muerto cuando se hicieron. La muerte es precisamente la enemiga, así que no vamos a temer a los anacronismos y dar por probado que J.R.J. no puede contestar con un aforismo cada una de las maldades que pudo soltar sobre él Gil de Biedma.  
Y viniendo más cerca, Umbral. Umbral sería, no sólo autor de un gran blog, sino el más incansable comentarista de los blogs de los demás autores de la plataforma Blogueros de Antaño. Podría publicar una entrada cada mañana y un comentario distinto en cada una de las páginas de sus compañeros de plataforma.  No sé por qué, esta casa que acoge mis ocurrencias no abre unblog Umbral que acoja cada mañana la voz viva del muerto, sus entradas delSpleen de Madrid, combinadas con las del Diario de un snob o el Diario de un español cansado o del Diario con guantes, o las entradas -disparatadas algunas, geniales otras, "Francisco Ayala es la cantidad menor de literatura que cabe en un cuerpo humano"- de su Diccionario de literatura.
Y si cruzas el océano, ¿qué es el Diario de mi sentimiento de Alberto Hidalgo sino un gran blog en el que opiniones concluyentes y fragmentos de memoria se dan la mano con impresiones del día a día o melancólicas reflexiones sobre el amor perdido o imponentes directos a las mandíbulasinalcanzables de algunos gigantes de la cultura del siglo que por supuesto ni se dieron, ni se darán, por enterados? Bastaría con ir colgándolo día a día o semana a semana, desde su comienzo biográfico -unos recuerdos de infancia- hasta su herido final -cuando la pérdida del amor deja sin sentido casi todo- para que nos diésemos de bruces con uno de esos blogs que, en efecto, como bien decía Baroja -no para rebajarle carácter y dimensión a suJuventud, Idolatría, sino más bien para todo lo contrario, para salvarlo de la condición de libro marginal con la que parecía nacer, los apuntes espontáneos de un novelista, un pasatiempo entre novela y novela, y sin embargo uno de sus libros más vivos y deliciosos- tejen una tela de araña en la que siempre hay algo. Con Alfonso Reyes otro tanto: ponle un blog a Alfonso Reyes y no te falla ni una sola mañana, y tienes blog hasta por lo menos dos días después de que se acabe el mundo.
La pregunta natural que se puede hacer es ¿para qué hacerlo? ¿Para qué ir despiezando unos libros que están ahí -por lo menos en las librerías de viejos y casi todos bajando de precio a ritmo vertiginoso (5,50 me ha costado hace un minuto U-turn-it, tomo del Nuevo Glosario de d'Ors)? Bueno, una de las razones más evidentes es que no todo el mundo va o mira o busca en las librerías de viejo, a pesar de que las librerías de viejo son las librerías del futuro. La principal razón del experimento o de la apuesta sería otra: demostrar cuán vivos están, cuán actuales son, algunos autores que al parecer sólo se leen en ediciones dirigidas a los estudiantes universitarios o que, como en el caso del siempre brillante y espídico Alberto Hidalgo, ni siquiera se leen a pesar del hecho, nada nimio a mi parecer, de haber sido una de las voces más brillantes, prolíficas y potentes de la literatura latinoamericana, tanto cuando se ponía violento o sarcástico -España no existe- como cuando se ponía erudito con pseudónimo -sus libros sobre Freud- o, desde luego, cuando se sumía en la melancolía y se ponía a recordar y echar de menos a todo el mundo.