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viernes, 13 de septiembre de 2013

¿De verdad estuvimos en la Luna? El mito de la conspiración

La odisea del espacio
por Ángel Díaz
COSMOS | La odisea del espacio

¿De verdad estuvimos en la Luna? El mito de la conspiración

Buzz Aldrin, durante el primer paseo lunar de la misión Apolo 11. | NASA
Buzz Aldrin, durante el primer paseo lunar de la misión Apolo 11. | NASA
Existe en el mundo una sorprendente cantidad de personas que están convencidas de que el programa espacial 'Apolo' fue tan solo un montaje del Gobierno o el Ejército de EEUU. Estos numerosísimos teóricos de la conspiración tienen razón en una cosa: era casi imposible que la NASAlograra cumplir el compromiso, establecido por el presidente John Fitzgerald Kennedy, de pisar la Luna antes de la fecha límite anunciada. Es decir, antes de que acabara la década de los 60.
La palabra clave de la anterior oración es 'casi'. Si lo consiguió, fue en buena parte gracias a la buena suerte y a los inmensos presupuestos que manejaba, pero, sobre todo, gracias al talento y al esfuerzo de muchas personas. Así lo reconocieron en su momento sus propios enemigos de la Unión Soviética, quienes tenían capacidad para rastrear con sus antenas las naves de la NASA.
Quizá el recuerdo de militares leyendo la Biblia sobre la Luna o de heroicos llamamientos tipo «el fracaso no es una opción» sean demasiado anacrónicos para la sensibilidad actual, pero de ahí a no reconocer el talento de aquellos hombres, e incluso negar que su gesta tuviera lugar, hay un gran trecho por el que no deberíamos seguir caminando, aunque sólo sea por miedo a hacer el ridículo.
El 'Apolo' simbolizó para toda una generación el deseo de lograr una vida mejor. De un modo un tanto iluso se pensaba que en el siglo XXI los humanos viviríamos en la Luna o Marte, tendríamos cocinas y electrodomésticos inspirados en tecnología espacial e incluso habríamos entablado amistad con civilizaciones alienígenas.
Durante el rodaje de '2001: Una odisea del espacio', antes de que la tripulación real del astronauta Neil Armstrong llegara a la Luna, el director Stanley Kubrick intentó contratar un seguro que cubriera las pérdidas de la película en caso de que se produjera un contacto con extraterrestres antes de su estreno. Las aseguradoras no quisieron correr ese riesgo. Al recordar estas desmesuradas expectativas, puede que los resultados parezcan decepcionantes.
La sombra de Neil Armstrong, ante el módulo lunar. | NASA
La sombra de Neil Armstrong, ante el módulo lunar. | NASA
Sin embargo, muchas de las tecnologías que usamos a diario, desde los satélites de comunicaciones a las suelas de zapato transpirables, son fruto de la investigación espacial. En cuanto al contacto con otros seres, tampoco el balance es negativo. Solo hemos estudiado con cierta dedicación un planeta, Marte, y ya es posible afirmar que en él se dieron las condiciones perfectas para el desarrollo de la vida. No es lo mismo que encontrar hombrecillos verdes que solucionen todos nuestros problemas y traigan la paz a nuestro mundo. Aunque, dado el temprano estado de desarrollo de la exploración espacial, el resultado no podría ser mejor: no se puede ganar la liga jugando un solo partido.
Por encima de los intereses estratégicos de EEUU o de las peculiaridades históricas de la Guerra Fría, la exploración espacial está asociada en el imaginario colectivo al deseo de superación, la alta tecnología y el empleo del conocimiento en la resolución de problemas prácticos. Estas son las herramientas que nos permiten, entre otras cosas, vivir durante mucho más tiempo, y que nos pueden llevar, literalmente, a donde queramos, incluso a la Luna y más allá.
El programa 'Apolo' es el símbolo por excelencia de esta forma de ver la vida, aunque las teorías conspirativas pretendan convertir el desarrollo científico y tecnológico en un instrumento maligno, diseñado desde las altas esferas para controlar con engaños el pensamiento de los demás.
Pese a ello, es un caso al que se ha prestado muy poca antención desde el estamento científico, principalmente por tres motivos: se tiende a pensar que solo supersticiosos e ignorantes dudan de la llegada a la Luna; se considera un problema minoritario y, al tratarse de una discusión histórica, se cree que no perjudica el futuro de la investigación.
Armstrong, Aldrin y Collins, la tripulación del Apolo 11. | NASA
Armstrong, Aldrin y Collins, la tripulación del Apolo 11. | NASA
Sin embargo, la realidad es que esta disparatada creencia está más extendida que otras a las que sí se combate por todos los medios, como el creacionismo, y los argumentos de quienes la defienden son demasiado elaborados como para que alguien que no haya estudiado en profundidad el tema pueda rebatirlos. Además, la teoría de la conspiración lunar extiende una pésima imagen de la ciencia y la tecnología, por lo que compromete el apoyo de los ciudadanos a estas actividades.
De hecho, las denuncias no sólo señalan la supuesta inviabilidad del viaje lunar; en ocasiones, los críticos consideran que éste tuvo realmente lugar, pero le atribuyen toda clase de intenciones ocultas y maléficas que se habrían llevado a cabo a espaldas de los ciudadanos y, encima, con su dinero.
Es muy difícil convencer a un fanático: si alguien piensa que la Luna es un cuerpo etéreo o que EEUU es incapaz de decir la verdad bajo ningún concepto, no le va a servir de mucho seguir leyendo. Por el contrario, es posible responder a todas y cada una de las dudas concretas que hayan podido sembrar los teóricos de la conspiración. Algunas de las más extendidas acusaciones, aunque ni mucho menos las únicas, son de índole técnica y se refieren a distintas irregularidades fotográficas que evidenciarían el supuesto montaje. En ellas nos detendremos:

La bandera estadounidense ondea, pero en la Luna no hay viento

Es uno de los argumentos más extendidos, y quizá el más sintomático del sesgo psicológico que suelen mostrar en sus razonamientos los teóricos de la conspiración. Por supuesto que en la Luna no hay atmósfera; por eso, y pese a lo que usted crea haber visto o haya escuchado por ahí, las banderas se mantienen en un perfecto estado de quietud, como muestran los vídeos de las misiones. Solo ondean durante unos momentos tras haber sido manipuladas por los astronautas, como es lógico. De hecho, y ya que en la Luna no hay aire que frene su movimiento, lo hacen durante algún tiempo más del que sería normal en la Tierra.
Por este motivo, en algunas secuencias en las que los astronautas se han salido ya del plano, parece que las esté agitando el viento, pero este efecto se debe sólo al movimiento inercial que arrastran desde que fueron clavadas al suelo. Después, se detienen por completo, extendidas sobre un corredero horizontal que evita que caigan sobre el mástil. El motivo de que presenten una arruga en todas las fotografías es que no fueron desplegadas del todo a través del corredero, y por eso vemos siempre el mismo doblez en todas las imágenes, algo que no sería posible si el viento moviese las banderas.
Cualquier visionado de las películas de la NASA mostrará que la bandera no ondea y mantiene su posición original, ligeramente arrugada, durante todo el metraje. También puede comprobarse cómo los astronautas evitan extenderla del todo, con el fin de darle esa falsa apariencia de movilidad que presenta en las instantáneas. Esta es una prueba concluyente de que sí se estuvo en la Luna y que cualquiera puede constatar en su casa, accediendo a las grabaciones a través de Internet.

En algunas fotografías faltan retículas, lo que demuestra que éstas se añadieron después y las imágenes son falsas

Las cámaras fotográficas de las misiones 'Apolo' contenían una serie de retículas o cruces que ayudaban a centrar la imagen y medir distancias entre objetos. En algunas de ellas, algunas de estas marcas parecen estar detrás de las rocas, lo que, en apariencia, sería imposible si se encontraban en el objetivo con el que se tomó la imagen. Las fotografías, por lo tanto, serían falsas, lo que demostraría que el viaje fue un montaje. La realidad es que el suelo de la Luna es tan brillante quesus destellos pueden eclipsar parte de la retícula que tienen delante, por lo que esta no puede observarse en su totalidad y parece que sale de detrás de la propia imagen.
De hecho, si se observan las imágenes de la Luna, se verá que todas las retículas se distinguen peor si están sobre una superficie muy oscura, con la que se confunden, o demasiado luminosa, que provoca un efecto de sobreexposición y tapa con su brillo la retícula. No es ningún secreto quela Luna no tiene atmósfera y su suelo es mucho más brillante que el de la Tierra, por lo que es de esperar que algunas características de las imágenes sean distintas a lo que esperaríamos en nuestro planeta. Ello prueba, precisamente, que son reales. De todas formas, en una mañana luminosa es posible imitar tal efecto aquí, sobreexponiendo algunos detalles del paisaje hasta que estos oculten partes de alguna retícula en la instantánea.
Imagen de la superficie lunar captada durante la misión Apolo 11. | NASA
Imagen de la superficie lunar captada durante la misión Apolo 11. | NASA
Por tanto, no hay ningún misterio en este efecto fotográfico y, en realidad,tampoco sería demasiado revelador si se encontrara alguna imagen trucada (de entre miles de ellas auténticas). De hecho, algunos teóricos de la conspiración parecen haberse dado cuenta de que algunas fotografías podrían ser falsas, y el programa 'Apolo' en su conjunto, verdadero. Se sabe, por ejemplo, que el propio Buzz Aldrin pidió a los productores de la película 'Apollo 13' -todo un éxito del Hollywood de los 90- parte de su metraje de efectos especiales, ya que en él se ofrecían puntos de vista del lanzamiento de la nave -en este caso, de la maqueta- que no habían sido recogidos en su momento.
El argumento que defienden quienes pretenden probar que todo fue un montaje es que los supuestos errores que vemos en las instantáneas fueron puestos adrede por alguien que quería mostrar al mundo la estafa. En tal caso, debería haber hecho algo que no fuera atribuible a causas naturales o, por qué no, salir en televisión a contarlo. Al final, los detalles técnicos siempre acaban avalando la veracidad de los viajes a la Luna, pero bastaría para desmontar la teoría de la conspiración el hecho de que, pasado tanto tiempo, ningún involucrado haya dicho nada, pese a la fortuna que podría embolsarse si lo hiciera y a que sería recibido como un héroe en buena parte del planeta.

Algunas imágenes muestran irregularidades en las sombras: éstas no van paralelas o bien tienen astronautas iluminados en su interior

Una vez más, se trata de irregularidades debidas a las particulares condiciones de la Luna, aunque ambas se pueden reproducir en la Tierra para demostrar la falsedad de la acusación. Los objetos y astronautas que se ven bien pese a encontrarse en una zona sombrada no están siendo iluminados por una fuente artificial de luz, sino por el propio suelo lunar, que refleja gran parte de la radiación que le llega del Sol, haciendo que esta rebote hacia la dirección de la que provenía. Por ello, puede iluminar a los astronautas cuando estos están de pie y en el lugar adecuado, así como otros objetos verticales.
En cuanto a la sugerencia de que las sombras deberían ser paralelas si están iluminadas por una sola fuente -el Sol-, cabría responder que, si hubiese más fuentes de luz, también habría más sombras, lo que no ocurre en ninguna instantánea. El motivo de que no estén paralelas, además, se debe a que se encuentran a mucha más distancia de lo que parece, algo que suele suceder en la Luna. En varias ocasiones, los geólogos que seguían las misiones desde el centro de control pidieron a los astronautas que se inclinaran para recoger una roca que parecía estar a su lado, cuando en realidad esta se encontraba a un buen trecho.
Armstrong y Aldrin, junto a la bandera de EEUU en la Luna. | NASA
Armstrong y Aldrin, junto a la bandera de EEUU en la Luna. | NASA
Cuando el Sol está bajo y las sombras son largas, es normal que objetos que se encuentran a distintas distancias arrojen sombras no paralelas. Así sucede también en la Tierra; la única diferencia es que en el extraño y desértico paisaje lunar, donde la ausencia de aire provoca que objetos muy lejanos puedan verse con nitidez, es mucho más difícil darse cuenta de la separación real entre dos cuerpos. En todo caso, cabría señalar que el Sol no es la única fuente lumínica que encontraron los astronautas, ya que la Tierra arroja hasta 68 más luz sobre la superficie del satélite que éste sobre nuestro planeta en una noche de Luna llena.
Por otra parte, el hecho de que las distancias en la luna sean tan difíciles de medir a simple vista ha llevado a los teóricos de la conspiración a otro error. Algunos han presentado dos imágenes con idéntico fondo, pero con la diferencia de que en una de ellas se encuentra el módulo lunar (LM) en primer plano y en la otra, tomada más tarde, ha desaparecido. La explicación de este curioso efecto es que, en la segunda instantánea, el astronauta se ha desplazado cientos de metros hacia un lado, por lo que el LM, que se encontraba muy cerca de él, ya no entra en el plano. Sin embargo, las montañas del fondo aparecen casi idénticas -y mucho más cercanas de lo que realmente están- en ambas fotografías.
Un sencillo experimento puede explicar mejor este efecto, conocido como paralaje: basta levantar un bolígrafo sobre nuestra cara y observar su posición respecto al fondo que tengamos enfrente, guiñando alternativamente ambos ojos. Aunque el bolígrafo esté quieto delante de nosotros, parecerá que se ha movido según el ojo con el que miremos. Si desplazamos la cabeza unos centímetros hacia un lado, el bolígrafo acabará desapareciendo para uno de nuestros ojos, al igual que ocurrió con el LM en la segunda imagen.

En las fotografías no se ven estrellas

En efecto, las imágenes tomadas sobre la superficie lunar no muestran estrellas. Como ya se ha dicho, el suelo lunar es muy brillante, al igual que el traje de los astronautas. Las estrellas, por el contrario, no brillan demasiado sobre el firmamento lunar. Ninguna película puede captar algo muy brillante y algo muy apagado simultáneamente, ni aquí ni en la Luna. Los astronautas tomaron las fotografías para captar objetos iluminados y emplearon tiempos de exposición muy rápidos, por lo que era imposible que la tenue luz de las estrellas se colara en las instantáneas.
Hay quien piensa que, por no tener atmósfera, la Luna debería recibir la luz de los astros lejanos con mucha más intensidad que en la Tierra. Sin embargo, la atmósfera de nuestro planeta apenas influye en la radiación visible que nos llega de las estrellas, por lo que estas no se ven mejor desde el espacio, ni tampoco desde la superficie lunar. Este dato lo puede confirmar cualquier astronauta o turista espacial que haya salido de la Tierra.
De hecho, Armstrong declaró en la rueda de prensa que siguió a su viaje que no había podido ver estrellas a simple vista mientras caminaba sobre la Luna, por lo que no es de extrañar que su cámara tampoco las recogiera. Las misiones 'Apollo', además, se desarrollaron sobre zonas en las que era de día en la Luna, lo que reducía la visibilidad de las estrellas.

Las fotografías parecen hechas por un profesional del cine

Un enigma que sí está por resolver es por qué la acusación de que el programa lunar fue un fraude, pese a no tener fundamento alguno, sigue estando tan extendida. Circula, en cualquier caso, otra supuesta prueba de que todo fue un montaje, aún más absurda y también relacionada con las fotografías: ¿Cómo es posible que los astronautas captaran unas imágenes tan perfectas sin ser profesionales?, se preguntan algunos.
Esta acusación tiene el dudoso mérito de ser la que más desconocimiento muestra sobre la realidad del programa 'Apolo'. Basta estudiar durante unos minutos estas misiones para darse cuenta de que los astronautas, elegidos entre millones de ciudadanos por su habilidad e inteligencia,tuvieron que aprender a realizar operaciones bastante más complejas que tomar bellas imágenes de la Luna, sobre todo teniendo en cuenta que pasaron años entrenándose para ello y contaban con costosísimas cámaras diseñadas especialmente para la ocasión.


La odisea del espacio
por Ángel Díaz
COSMOS | La odisea en el espacio

¿De verdad estuvimos en la Luna? 2ª parte: De la razón a la desfachatez

El astronauta Buzz Aldrin en la Luna (1969). | NASA
El astronauta Buzz Aldrin en la Luna (1969). | NASA
La filósofa, novelista y guionista de cine de origen ruso Ayn Rand decía que la llegada del hombre a la Luna representa "un logro de la razón, la lógica, las matemáticas; la dedicación total al absolutismo de la razón". Estas palabras, escritas por una entusiasta del programa Apolo, sirven también para explicar por qué cada vez más personas piensan -o quieren pensar- que los astronautas de la NASA no llegaron a pisar nuestro satélite.
El problema no es que haya gente que se pregunte si se produjo algún tipo de estafa por parte de la NASA, ya que dudar es muy saludable y, además, constituye el fundamento de la ciencia. Lo malo es cierta tendencia a asumir de forma acrítica los delirios conspirativos. También hay que reconocer, no obstante, que algunas de estas tesis están muy elaboradas y son capaces de hacer dudar a cualquiera.
Quizás ni la NASA ni esa forma de ver el mundo que Rand llamaba con entusiasmo "el absolutismo de la razón" atraviesen su mejor momento. Resulta tentador, además, arremeter contra una institución pública estadounidense y aparentar una osadía que, bien mirada, se revela como simple desfachatez. Es posible, sin embargo, desmontar los diversos argumentos que circulan en contra del programa Apolo. Algunos de ellos se fundamentan en supuestas irregularidades visuales que ya han sido tratadas. Otros, en cambio, se refieren a cuestiones técnicas en torno a las muchas dificultades que atravesaron las misiones del programa Apolo.

El módulo lunar no deja cráter sobre el lugar de aterrizaje.

Este es uno de los argumentos preferidos de los teóricos de la conspiración, expuesto como una evidencia supuestamente definitiva de que la NASA mintió, tanto por Bart Sibrel como por Bill Kaysing, dos de los más famosos defensores de esta postura. Kaysing trabajó unos años, hasta 1963, como bibliotecario y escritor en Rocketdyne, una de las muchas compañías que colaboró en el programa Apolo.
N. Armstrong en el módulo lunar.| NASA
N. Armstrong en el módulo lunar.| NASA
Los ingenieros estuvieron preocupados hasta mucho después de esta fecha -en realidad, hasta poco muy poco antes del lanzamiento del Apolo 11- por la viabilidad del vehículo de alunizaje, por lo que no sería extraño que Kaysing hubiera oído alguna queja en ese sentido. Sin embargo, todos los problemas se fueron resolviendo uno a uno, y toda la información relativa al diseño del módulo lunar (LM) es de dominio público, por lo que todas las presuntas anomalías pueden explicarse.
Desde que aterrizaron sobre la Luna las primeras naves robóticas soviéticas y estadounidenses, se sabe que el suelo de nuestro satélite es duro pero está recubierto por una capa de polvo de unos pocos centímetros de grosor. Para Sibrel y Kaysing, el motor del LM debería haber creado un cráter en el suelo o, al menos, esparcir la capa de polvo durante su alunizaje, y el hecho de que así no ocurriera probaría que el viaje fue falso.
Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las condiciones físicas de la Luna son muy distintas a las de nuestro planeta, por lo que no debemos confiar en que todo suceda como un terrícola esperaría. En realidad, una prueba auténtica de que el programa Apollo fue un montaje habría consistido, precisamente, en que el polvo lunar hubiese actuado igual que el de la Tierra, ya que allí no hay aire.
Aquí, cuando soplamos sobre un puñado de harina, por ejemplo, estamos empujando una porción de aire, la cual, a su vez, mueve el aire que tiene alrededor, y así sucesivamente. En otras palabras, la presencia de aire ayuda a potenciar el efecto, desperdigando más partículas de las que nuestro soplo, por sí mismo, hubiese alcanzado.
En la Luna, por el contrario, sólo el polvo que entra en contacto directo con los gases que expulsa el motor se mueve de su sitio. Éste puede desplazarse incluso cientos de metros, ya que tampoco hay una atmósfera que lo detenga, pero las partículas que están a su alrededor permanecen quietas. Es decir, sólo la zona que está justo debajo del tubo de escape, en el centro del LM, sufre la dispersión.
Los astronautas del 'Apollo 11' a su regreso de la Luna. | NASA
Los astronautas del 'Apollo 11' a su regreso de la Luna. | NASA
El área que rodea al módulo, sobre la cual se posan sus cuatro patas, aún conserva su capa de polvo casi intacta, tal y como señalan los teóricos de la conspiración. Pero no hay nada extraño en ello. De hecho, demuestra que están en la Luna, donde la naturaleza actúa de un modo extraño para nosotros, y no en un estudio de cine, donde los expertos en efectos especiales podrían haber corregido estos detalles.

El módulo lunar no esparce polvo con los gases que expulsan su motor

También se ha argumentado que el motor del módulo de aterrizaje, con 4.500 kilos de empuje, debió haber creado un pequeño cráter en el suelo. Esta afirmación también es errónea, porque considera la máxima potencia que era capaz de ejercer el motor, sin tener en cuenta que el piloto iba frenando según se aproximaba a la superficie.
De hecho, los astronautas se quejaban de que la última fase del alunizaje era bastante brusca, debido a que este motor, cuya función era frenar la caída, estaba casi parado cuando llegaban al suelo. Además, el tubo de escape tenía más de un metro de longitud, por lo que el empuje del motor quedaba muy distribuido por toda el área por la que salían los gases.
El astronauta del'Apollo 11'Buzz Aldrin.|EM
El astronauta del'Apollo 11'Buzz Aldrin.|EM
Otra supuesta irregularidad relacionada con el LM es que este no producía ninguna llama al despegar, tal y como puede comprobarse en las películas rodadas por las cámaras que dejaron los astronautas frente al vehículo antes de marcharse. Este efecto se debe a que la parte superior del módulo lunar, la única que ascendía de nuevo para encontrarse con el módulo de mando, usaba de combustible una mezcla de hidracina y tetróxido de dinitrógeno, dos compuestos que arden al mezclarse generando un residuo transparente y, por tanto, invisible.
Ralph René, otro conocido defensor de la tesis de que la NASA fingió los vuelos del Apolo, asegura que el módulo lunar debería haber perdido el equilibrio y caerse. La verdad es que el motor principal del vehículo podía cambiar su orientación durante el alunizaje para compensar los cambios en su centro de gravedad, que eran detectados de inmediato por una serie de sensores.
Durante el ascenso, el motor principal estaba fijo, pero a cambio había varios pequeños propulsores que compensaban el vaivén del módulo y ayudaban a mantenerlo en equilibrio. Lo cierto es que el LM, cuyo frágil aspecto se debe a que apenas pesaba 15.000 kilos, es una pieza de ingeniería admirable. Su aparente sencillez, si se piensa con detenimiento, no es más que una muestra de ello.

Las altas temperaturas de la Luna habrían matado a los astronautas

Las temperaturas en la Luna oscilan entre los 120 ºC de día y los -120 ºC en la noche. Los astronautas pisaron el satélite en lugares donde brillaba el Sol, por lo que, según los teóricos de la conspiración, debieron morir achicharrados. Sin embargo, el día y la noche lunares duran dos semanas cada uno, y la superficie necesita todo este tiempo para alcanzar tanto sus máximas como sus mínimas temperaturas.
Las misiones de la NASA fueron programadas para alunizar al amanecer, cuando el Sol comenzaba a brillar en el firmamento y la superficie comenzaba a calentarse lentamente. Por ello, los astronautas nunca tuvieron que soportar temperaturas extremas. Sus trajes presurizados estaban diseñados para evitar un excesivo calentamiento, pero no tanto por la amenaza externa como por la acción del propio organismo, capaz de generar un intenso calor corporal cuando se encuentra aislado en el vacío.

Los cinturones de radiación que rodean la Tierra habrían matado a los astronautas

Ésta fue una de las principales preocupaciones de los científicos en los primeros momentos de la carrera espacial, cuando el investigador estadounidense James Van Allen descubrió los anillos de radiación que rodean nuestro planeta gracias a los instrumentos del satélite Explorer 1. Estas regiones, llamadas Cinturones Van Allen, se deben a la interacción entre el viento solar y el campo magnético terrestre, y su radiactividad puede resultar muy peligrosa si se está sometido a ella durante demasiado tiempo. Sin embargo, los astronautas del Apollo tardaron poco más de una hora en dejar atrás estas zonas, y apenas pasaron cinco minutos en los lugares donde la radiación alcanza su máxima intensidad.
Además, el recubrimiento metálico de las naves les proporcionaba cierta seguridad. Aun así, habrían tenido problemas si se hubiese producido una tormenta solar durante alguna de las misiones, algo que, afortunadamente, no ocurrió. Por supuesto, los astronautas conocían bien este peligro y todos los demás a los que tendrían que enfrentarse, pero aceptaron de buen grado el riesgo. Un viaje a la Luna bien lo merece, aunque lo cierto es que casi todos ellos eran pilotos de pruebas y estaban acostumbrados a jugarse la vida por mucho menos.

La NASA ha perdido las cintas de video y telemetría con las imágenes del primer paseo lunar

Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin, los astronautas que viajaron a la Luna.| NASA
Neil Armstrong, Michael Collins y Buzz Aldrin, los astronautas que viajaron a la Luna.| NASA
La mala gestión en el almacenamiento de algunas cintas originales del programa Apolo ha levantado suspicacias sobre la autenticidad de aquellos viajes. En concreto, las cintas analógicas del histórico paseo lunar de Neil Armstrong y Buzz Aldrin se han perdido, según ha tenido que admitir la propia NASA. Tras buscarlas sin éxito durante años, se ha llegado a la conclusión de que quizás se borraron años después para grabar encima otros datos. Afortunadamente, existen copias de calidad, pero tener acceso a las imágenes de primera generación sería sin duda interesante.
Dejando aparte el espinoso asunto de la eficiencia -o falta de ella- en los servicios de documentación de la agencia, se calcula que más de 500 millones de personas siguieron en directo los primeros pasos de Armstrong y Aldrin sobre la Luna, aquel 21 de julio de 1969. Pretender que la NASA haya ocultado ahora esas mismas pruebas que entonces retransmitió a todo el globo resulta, como mínimo, estrambótico.
En cuanto a los recelos provocados por la desparición de los datos de telemetría, que fueron transmitidos y almacenados junto a aquellas imágenes perdidas, hay que recordar que no sólo los investigadores de la NASA siguieron a las naves con sus antenas. Esta operación se realizó simultáneamente desde varios países del mundo, e involucró a multitud de científicos ajenos al Gobierno estadounidense.
Las naves Apolo se siguieron de forma oficial desde tres puntos del planeta: California, Australia y España. Las tres estaciones hacían turnos diarios de ocho horas, por lo que no perdían a las naves ni un solo instante. Los datos que recogían se ofrecían de inmediato a las decenas de periodistas que los requerían, muchos de ellos presentes en el interior de las instalaciones. Además, otros países ajenos a la NASA siguieron de forma independiente el viaje de las misiones Apolo, como Alemania, Inglaterra o la Unión Soviética. Éste último, enemigo declarado de Estados Unidos. Muchos de los ingenieros que recibieron la telemetría están vivos y no tienen ningún compromiso con la NASA. Ningún testigo ha denunciado jamás nada sospechoso.