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Biblioteca Virtual Hispanica

lunes, 7 de octubre de 2013

DALIA RAVICOVICH


DALIA RAVICOVICH (1936). Nacida en Israel. Se dedica a la enseñanza y al periodismo. Ha escrito: El amor de la naranjaEl invierno es duro y Tercer libro.

DE BUEN ESPÍRITU

Cuando alguien se queda solo en su cuarto 
¿qué sabe de él la gente de afuera?
Tal vez haya algo que susurre en sus oídos 
las veinticuatro horas del día,
y gente que no comprenda
cuán difícil es el día para ellos.
El día no brilla como debiera,
el sol tiene rostro de disco machacado
y hay gente que no comprende
cuán feo es un disco machacado.

Hace ya veinticinco años
que hubo en el mundo una guerra sangrienta. 
En el montón de casas destruidas
hubo gente cuyo corazón se expandió.
El que se queda solo sentado en su pieza 
atisba hacia el sol machacado
y comienza a pensar en cosas prodigiosas.

Es como volar con el buen espíritu.
Hay quienes vuelan sin necesitar
siquiera de un buen espíritu.
Ramas de pino cuelgan en su mejilla.
Ellos vuelan con labios abiertos y húmedos. 
Sin querer y de pronto, besa sus labios
el polvo de una nube o un corpúsculo volador. 
Sus ojos están brillantes y llenos de lágrimas 
a la vista del maravilloso celeste.
Si choca su cuerpo con un ente celestial,
no lo toca para mal.

Volar significa que las capas de aire
te transportan como si fuera el amor.
Tú vuelas y al descender
te espera la sorpresa.
Hay quienes vuelan en el buen espíritu 
y de pronto se mueren antes de tiempo.

COMO RAQUEL
Morir como Raquel,
cuando el alma tiembla como el aire
que aspira evadirse.
Mas allá de la tienda están atemorizados Yaacov y Josef,
hablan en ella estremeciéndose,
todos los hechos de su vida que se agitan
Como un niño que se apronta a nacer.
Cuán difícil.
El amor de Yaacov la consumió
por entero.
Ahora que el alma la abandona
no tiene deseos de nada.
De pronto gritó el niño,
Yaacov entró a la tienda.
Mas Raquel ya no siente nada,
Edna le lava el rostro
y la cabeza.
Grande es el reposo ahora,
su aliento ya no agitará la pluma.
La dejaron entre las piedras del monte
sin que la deploraran.
Morir como Raquel
quisiera yo.

TU SEGURAMENTE RECUERDAS
Después que todos se van
me quedo sola entre los poemas.
Algunos son míos,
otros ajenos.
Los poemas ajenos me gustan más.
Yo me quedo silenciosa
y el ahogo me abandona la garganta.
Yo me quedo,
a veces quisiera que no se quede nadie.
Debe ser agradable escribir versos.
Te sientas en la pieza y los muros como si crecieran,
los colores se hacen más fuertes,
un pañuelo celeste se transforma en profundo pozo.
Quisieras que no se quede nadie.
No comprendes qué pasa contigo,
pareciera que pensaras en dos cosas a la vez.
Después todo pasa y se transforma en cristal puro.
Más tarde el amor.
Narciso se adoraba.
Tonto es aquel que no comprende que también amaba el río.
Estás sentada sola,
el corazón te duele pero no se parte.
Lentamente se van borrando las desteñidas figuras,
luego se van borrando los defectos.

Mas tarde aparece el sol de medianoche
y recuerdas aún las flores oscuras.
Quisieras estar viva o muerta u otra cosa.
Tal vez exista un país al que amas.
Tal vez exista la palabra.
Tú seguramente recuerdas.
Tonto el que permite al sol ponerse a su gusto, 
él siempre consigue escapar a las islas del Oeste.
Hacia ti vendrán el sol y la luna, el verano y el invierno, 
tesoros sin fin.

MUÑECA MECÁNICA
Esta noche fui una muñeca mecánica
y tornaba a derecha, a izquierda, a todas direcciones. 
Caí al suelo de bruces y me rompí en pedazos
y trataron de arreglarme con habilidad.

Después volví a ser una muñeca compuesta
y procedía con sensatez y docilidad.
Pero ya fui una muñeca de segunda clase
como el sarmiento lastimado aún pegado al zarcillo.

Y después me fui a bailar a la fiesta,
pero me dejaron entre los perros y los gatos 
aunque mis pasos eran rítmicos y medidos.

Yo tenía el pelo dorado y los ojos azules 
y tenía un vestido color flores del jardín
y un sombrero de paja con adornos de cerezo.