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Biblioteca Virtual Hispanica

viernes, 4 de octubre de 2013

LEA GOLDBERG


LEA GOLDBERG (1911-1970). Nació en Lituania. Estudió Filosofía y Lenguas Semíticas en Alemania. Fue asesora literaria del teatro hebreo "Habima" y desde 1952 hasta su muerte fue profesora de literatura comparada de la Universidad Hebrea de Jerusalem. Entre sus libros de poemas: Temprano y tarde, en prosa: Cartas de un viaje imaginario y la obra de teatro La castellana.

POEMAS BREVES
A
COMO UN RAYO DE LUZ
Como el rayo de luz, que hiende
el cáliz cristalino en su corazón
avivando en él juego de colores
y danzas de destellos adormecidos,
cruzó mi mente el recuerdo de tu mirada de entonces.
¿Me oyes? - anoche reí.
B
FIN DEL DÍA
Los rizos de mi cabello platean bajo la luna.
En las ramas del árbol enfrente dormitan pichones.
Abro mi ventana y grito: ¡Ven paloma!
mas la noche me envía búhos sapientes.
C
EL TIEMPO
El tiempo que transcurre me prueba,
doble es su cuenta en mi debe y haber,
me construye y destruye cada día
perfeccionando mi vida y mi muerte.

POEMAS BREVES
A
NOCHE
Cesta colmada de estrellas, 
aroma de prados generosos, 
profundo,
profundo en el rocío,
late mi corazón.
Ya tus latidos se aproximan. 
Temblaron miríadas de gotas. 
Profundo en el rocío,
late mi corazón
B
LAS ESTRELLAS
Muy bellas las estrellas
campanillas en el cuello del cielo. 
Muy bellas las estrellas 
y también esta noche, 
noche de mi aflicción.
C
ÁRBOL
Y él con facilidad soportará
su pesada floración,
digna de su magnificencia.
Sin arrogancia
vestirá su primaveral esplendor 
y en cuanto a su simplicidad -
obligación.
D
AMANECER
Me traspasó la noche 
impetuosa como el rayo,
ya se desvaneció en el horizonte 
la estrella verdecida.

Nuevamente despunta el alba 
tan difícil de soportar, 
nuevamente llora de miedo
mi hijo en su cuna.

CANTOS A MI TIERRA QUE AMO
A
Patria mía, tierra bella y pobre,
la reina no tiene casa y el rey no tiene corona.
y siete días de primavera en el año
y viento y lluvia todos los demás.

Mas en los siete días florecen las rosas,
en los siete días brillan los rocíos,
y en los siete días las ventanas están abiertas,
y todos los mendigos están en la calle
y muestran su palidez a la buena luz,
y todos los mendigos se regocijan.

Patria mía, tierra bella y pobre,
la reina no tiene casa y el rey no tiene corona,
sólo siete días de fiesta en el año,
trabajo y esfuerzo en todos los demás.

Mas siete días bendicen los cirios,
y siete días las mesas servidas,
y siete días los corazones abiertos,
y todos los mendigos están de plegaria,
e hijos e hijas, novios y desposadas,
y todos tus mendigos como hermanos.

Desdichada mía, pobre y amarga,
el rey no tiene casa y la reina no tiene corona, 
sólo una vez habló el mundo en tu favor, 
oprobio y vergüenza, todas las demás.

Andaré por caminos y esquinas,
por mercados, patios, callejones y parques.
De la destrucción de tus muros, cada guijarro 
juntaré y cuidaré como recuerdo.

y de ciudad en ciudad, de país en país,
vagaré con mi canto y caja de música
para contar tu pobreza radiante.
B
En la tierra que amo florece el almendro, 
en la tierra que amo aguardan al huésped,
siete doncellas,
siete madres,
siete novias a la puerta.

En la tierra que amo llamea sobre la torre un pendón. 
A la tierra que amo vendrá el peregrino
en buena hora,
en la hora bendita,
en la hora que hace olvidar el dolor.
Mas quien mis ojos de águila vean 
y cuyo sabio corazón reconozca,
no me engañaré con él,
no erraré con él.
¿Quién le abrirá la puerta?

Yo duermo y mi corazón vela;
por delante de mi puerta pasa el huésped.
Amanece, es la luz,
y en el patio
Una piedra rueda.
C
En la tierra pobre que amo
aún la luna en el cielo
está como un pobre a la puerta, 
encorvada, temerosa y pálida.

Las nubes hechas jirones
vienen de todos los ámbitos del cielo, 
precipitadas, piadosas y humildes,
a cubrir su pobre vergüenza.

A la mañana sale el sol,
dorado como las hojas muertas 
y a la entrada del callejón yace
el gallo de oro degollado.

VERSOS PARA EL FIN DEL CAMINO
A
Muy lindo el camino - dijo el adolescente.
Muy difícil el camino - dijo el joven.
Muy largo el camino - dijo el hombre.
El anciano se sentó a su vera a descansar.

El ocaso pinta sus canas con oro y arreboles.
El prado brilla a sus pies con el rocío de la noche.
El último pájaro del día pía sobre el pasto sus cantares.
¿Acaso recordará cuán bello, difícil y largo es el camino?
B
Te dijiste día tras día y noche tras noche,
pensando en tu interior, he aquí que llegan los días.
Y mirando mañanas y atardeceres - junto a la ventana
piensas: nada nuevo hay bajo el sol.

Has envejecido, longevo, descansas,
tus días están contados - caros cada uno.
Sabe: cada uno es el último bajo el sol,
sabe: cada uno es nuevo bajo el sol.

Enséñame Señor a bendecir y a orar
por el secreto de la hoja marchita y por el brillo de la fruta madura.
Por esta libertad: ver, sentir, respirar,
saber, confiar, fracasar.

Enséñame a que mis labios bendigan y alaben
cuando tu sazón se renueve en la mañana y al atardecer.
Porque no sea mi nuevo día como ayer y antier,
sino que sea un día de creación y no de diaria rutina.

EN ESTE DÍA
En este día se corta el pan
y juntan los frutos en el cesto.
En este día vuelven los hijos a casa
y las hijas esperan a la puerta.
En este día van las nubes al cielo
a anunciar la lluvia bendita a la viña y al huerto. 
Y en la ciudad, a la entrada de los mercados 
suben los aromas de la manteca y el aceite, 
brillan las escamas de los pescados,
fermenta el vino.

¡Dónde morirás tú, alma mía, en un día así!
Día pleno y hermoso,
día lleno y sencillo,
día de luz
¡Día que es día!
¡Día como todos los demás días!
Dónde te echarás a descansar
antes que se apague el estrépito.
Dónde le dirás adiós
antes que calle la muchedumbre.
Dónde te irás doliente
antes que cese su alegría.
Dónde dejarás tu noche eterna 
antes que beses la primera estrella.

LA MUERTE DEL CIELO
El cielo ya murió.
El árbol agoniza.
¿Quién sabe?
Tal vez sea la piedra
la única que viva.
Sólo queda saber
si no la matarán
con toneladas de caminos
en los barrios nuevos.
Quién habrá de creer
que tuvimos un nombre
grabado en el cielo,
tallado en la madera
y en el centro de la piedra;
y que respiramos
y agonizamos
en una ciudad así.