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Biblioteca Virtual Hispanica

viernes, 4 de octubre de 2013

RAJEL (BLUVSTEIN)


RAJEL (BLUVSTEIN) (1890-1931). Nació en Viatka, Rusia. En 1905 llega a Eretz Israel y se hace pionera en el kibutz Kineret, a orillas del lago de ese nombre. Viaja a estudiar Agronomía a Francia. En 1919, después de la guerra, vuelve a Eretz Israel y se asienta en Degania. Al enfermar de tuberculosis, se traslada a Tel Aviv donde fallece. Su poesía está impregnada por la pasión y la rebeldía. Su obra poética está reunida en un tomo y se titula Poesía de Rajel, que comprende sus obras: Barbecho, Desde enfrente y Nevó.


SÓLO DE MÍ...

Sólo de mí cantar supe,
estrecho es mi mundo, como de hormiga, 
también como ella cargué mi aflicción, 
grande para mi débil hombro y agobiadora.

También mi camino - como el suyo a la cumbre-
senda de dolor y camino de pena,
una mano gigante infame y segura,
jubilosa mano transformó en la nada.

Todos mis caminos lagrimeantes desvió
un temor secreto de manos gigantes.
¿Por qué me invocasteis, mundos de fantasía?
¿Por qué me engañasteis, luces lejanas?

Y QUIZÁ...
¿Y quizá
fue solo un sueño
que nunca ocurrió?
¿Y quizá,
no me levanté nunca al alba
el huerto a trabajar
con la frente cubierta de sudor? 
¿Y quizá
nunca en los agobiadores 
días de cosecha,
prorrumpí en la carreta, 
colmada de heces,
en voces y cantar?

¿Y quizá,
no me purifiqué
en el tranquilo azul
con sencillez?
¡Oh! Kineret, Kineret mío, 
¿Soñé, o fue realidad?

RAQUEL
Su sangre fluye por la mía,
su voz, en mí canta -
Raquel, pastora de los rebaños de Labán,
Raquel - símbolo de la maternidad.

Por eso me es estrecha la casa
y la ciudad - extraña,
porque flota su sudario
en las brisas del desierto.

Por eso tomo mi canto
con tanta seguridad,
porque mis pies guardan recuerdos
¡De entonces, de entonces!

DALE MI NOMBRE
Dale mi nombre a tu pequeña. 
Dedícame un recuerdo.
¡Es tan triste pasar a la eternidad!

Mi canto está desamparado -
La placentera melodía enmudecida -
Ella, llegado el día, lo continuará.

El hilo mío que se ha cortado, 
será tejido por tu hija, nieta 
hasta la lejanía.

SI ES COSA DEL DESTINO
Si es cosa del destino
morar lejos de tus riberas -
déjame, Kineret,
descansar en tu camposanto.

No rompe la tranquilidad
la tristeza de su silencio
y un canto al trabajo
prorrumpe desde el camino.

Y el recuerdo de los yacentes
se encuentra aún en la urdimbre
y un árbol - laude
los cubre como bendiciéndolos.

Si es cosa del destino
morar lejos de tus riberas -
vendré, Kineret,
¡En tu camposanto a descansar!

ESTÉRIL
¡Si yo tuviera un hijo! Niño pequeño,
de rizos negros e inteligente,
lo tomaría de la mano para caminar despacito
por los senderos del jardín.
Niño
pequeño.

Lo llamaría Lucero, lucero mío:
suave y claro este breve nombre,
partícula de luz.
A mi niño moreno
¡Lucero!
¡Llamaría!

Aún me afligiré como la Madre Raquel.
Aún he de rogar como Janá en Shiló.
Aún estoy
aguardándolo.

EN EL EXTRANJERO
Así me sentaré. . . así: encorvada y temblorosa. 
Frío es el sol aquí en tierra extraña.
Una voz secreta se hace oír - nostálgica: 
¡Levántate y anda! ¿Qué haces en el extranjero? 
Así me levantaré… Así: por milésima vez.
Así me iré sin fuerza ni vigor .
Por los caminos erraré, bajo el sol y la lluvia.
Así amaré… así: inacabablemente.

PLEGARIA
Es mi ruego: ser buena a tus ojos,
pura y sencilla como el ayer,
antes que mi cuerpo se encorve
desesperado bajo el peso de una estéril piedad.

Entonces, sólo entonces mi alma doliente, 
alma perdida por rutas extraviadas 
vestirá nuevamente su traje de pureza...

Ser buena a tus ojos - ¡Sólo eso!

REBELIÓN
Como los estertores del ave
en manos del matarife,
yacías en mi mano,
orgullo infame.

Te tapé la boca,
ceñí bien los pliegues de tu cuerpo
y me gocé de tu infortunio:
¡Te herí!

Me estoy vengando de ti
por todas esas vidas
que arrancaste en plena juventud,
por esos obstáculos
que pusiste en mi camino,
por ese mundo
al que empañaste su arco iris.

Descansa en la oscuridad de tu rincón
hasta mi regreso,
¡hasta mi vuelta de él!

MIS MUERTOS
Sólo ellos me han quedado, 
sólo en ellos no ha clavado 
la muerte su afilado puñal.

A la vera del camino,
en pleno día,
me rodeó el silencio,
me acompañó la soledad.

Era un pacto sincero lo nuestro, 
la relación no se truncó.
Sólo aquello que se me ha perdido 
me reservo para la eternidad.

LA ESPOSA
Ella lo llama por su nombre
y su voz suena fuerte ,
y yo, en la mía no confío, 
no lo vaya a comprometer.

Pasa con él por la calle,
a la luz del día y frente a todos,
y yo, a hurtadillas
al atardecer.

Ella, con su anillo de oro en el dedo, 
reluciente, tranquila;
y yo, con mis esposas de hierro -
amarras sin desprender.


A MI PATRIA
No te he cantado patria mía,
ni he glorificado tu nombre
con historias de heroísmo
de un sinnúmero de batallas ;
sólo un árbol – plantaron mis manos 
en las riberas de un Jordán silencioso, 
sólo un sendero – hollaron mis pies 
a través de los campos.

Muy pobre es por cierto -
lo sé, madre mía,
muy pobre es por cierto
la ofrenda de tu hija;
sólo una voz de alegría 
en un día de aflicción, 
sólo una furtiva lágrima
que sube a los ojos.