Buscador de Textos

Google+ Followers

FPPy

Inlitchi

Loading

Biblioteca Virtual Hispanica

viernes, 4 de octubre de 2013

YEHUDA AMIJAI


YEHUDA AMIJAI (1924). Nació en Alemania y llegó a Eretz Israel en 1936. Participó en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra de la Independencia de Israel. Es considerado como uno de los poetas contemporáneos más populares. Recibió el Premio Israel por su obra literaria. Sus obras han sido traducidas a diversos idiomas, entre ellos el español. Entre sus títulos: Ahora y en otros días, En la distancia de dos esperanzas. Publicó una novela: Ni de aquí ni de ahora.


EN MI CUMPLEAÑOS

Treinta y dos veces he sido dado a luz
y cada vez con menos dolor para mi madre,
menos para los demás,
más para mí mismo.

Treinta y dos veces me vestí con el mundo
y aún no me sienta.
Me aprieta,
no como un abrigo que se adapta al contorno del cuerpo
y que es cómodo
y que se desgasta.

Treinta y dos veces hice la cuenta
sin encontrar el error,
comencé el relato
y no me lo dejaron terminar.

Treinta y dos años cargo las virtudes de mi padre,
gran parte han quedado a lo largo del camino
Para aliviar el peso.
Y en mi boca la hierba. Y reflexiono,
y una viga entre mis ojos, para que no pueda arrancármela,
comenzó a echar retoños en primavera.

Mis hechos disminuyen,
y continúan disminuyendo. Pero
las glosas crecieron en torno, y como
el Talmud se hicieron de difíciles,
en el centro de la página, 
con Rashi y los exégetas
cercándolo por todas partes.

Y ahora, después de treinta y dos veces, 
después de treinta y dos años,
sigo siendo la fábula
y no la moraleja.

De pie y de frente, descubierto a ojos enemigos, 
sujetando viejos mapas en mis manos, 
resistiendo la adversidad que crece entre las torres, 
estoy solo, sin ayuda,
en medio de un enorme descampado.

ESTOY INVITADO POR LA VIDA
Estoy invitado por la vida, mas
veo que mis anfitriones muestran señales
de cansancio e impaciencia.
Los árboles se mecen, las nubes callan
y se van, los montes se mudan
de un lugar a otro, el cielo bosteza
y de noche, los vientos trasladan
objetos con descontento: humo, hombres, luz.
Yo me apunto en el libro de visitantes
de Dios: Vine, estuve,
lo pasé bien, gocé, pequé, traicioné,
he quedado impresionado por la recepción
de este mundo.

SOY UN HOMBRE VIVO
Soy un hombre vivo
hijo de un padre muerto,
padre de un hijo vivo,
con muchos planes de florecer y agonizando
como las estaciones del año.

Escucho la voz un poco enronquecida
de esta vida plena.
Huelo la fragancia de los aromas
que se adelantan a matarme.
Y en los días de Pesaj, me siento
inclinado, tal vez a morirme,
pongo mi reloj sobre la mesa, delante de mí,
como recuerdo de tu rostro. Con facilidad se parte la matzá,
frágil entre los dedos de mi mano. Con facilidad
se abrirá la puerta a la medianoche milagrosa,
y mi cabello apasionado se erizará nuevamente
ahora.

NUESTRO AMOR LLEGÓ A SU FIN
Nuestro amor llegó a su fin,
las hileras defensivas del tiempo fueron perforadas,
las osadas mentiras cayeron una a una.

Mi ciudad, Jerusalem, es el escenario
donde aparezco de tiempo en tiempo
con expresión trágica.
Ella recuerda cosas parecidas
de Jeremías con sus entrañas,
gaita enloquecida,
mina sentimental de lágrimas y quejidos.

Nuestro amor llegó a su fin
y dentro de poco
los viejos y romos cuchillos
se prepararán para un nuevo combate de dolor y espectáculo.

EL TORO
El toro volvió de su trabajo diario en la arena, 
después de beber café con los toreros.
Les dejó en un pedazo de papel su dirección 
exacta y el lugar de la capa roja.
La espada está clavada en su dura cerviz.
¿y cuándo llega él a casa?
Ahora está en cama
con sus pesados ojos judaicos.
Comprende que también al acero
le duele penetrar la carne.
En su reencarnación pedirá ser espada, 
por lo menos le quedará el dolor.
("La puerta está abierta, si no,
la llave está debajo del umbral")
Conoce de la gracia nocturna
y de la gracia verdadera.
En la Biblia figura entre los animales puros. 
Es muy puro, es rumiante
y su corazón está partido y dividido 
como las pezuñas.
En su pecho estallan las tormentas, 
secas y agrias
como si brotaran de un colchón reventado.

CANTOS A UNA MUJER
A
Tu cuerpo es blanco como la arena
en la que jamás un niño jugó.
Tus ojos son hermosos y tristes
como las flores pintadas en un libro de escuela. 
Tu pelo ondea
como el humo del sacrificio de Caín.
Yo mataría a mi hermano,
mi hermano me mataría a mí.
B
Todos los milagros y leyendas de la Biblia 
sucedieron cuando estábamos todos reunidos. 
En la pendiente silenciosa de Dios
pudimos con dificultad descansar.
El espíritu elemental nos inspiraba en todo, 
teníamos el tiempo permanente.
Mi vida es triste como el errar
de los vagabundos.
C
Mis esperanzas son viudas,
sin posibilidad de volver a casarse.
Nuestro amor viste ropas de huérfano
de asilo.
Las pelotas van del muro
a las manos de los jugadores.
El sol no vuelve.
Ella y yo, a la vista.
D
Toda la noche clamaron tus zapatos
vacíos junto al lecho.
Tu mano derecha se extendió en el sueño,
tu cabello estudió el nocturno
en el desgarrado libro de la brisa.
Los agitados visillos
son los embajadores
de las potencias lejanas.
E
Cuando desabrochas tu vestido
duplico yo mi amor.
Si te cubres con tu redondo sombrerito blanco,
se enardece mi sangre.
En el lugar que tú amas
deben sacarse los muebles del cuarto
y todos los árboles y los montes y los mares
del mundo, ya que es tan estrecho.
F
La luna sujeta de una cadena,
calla afuera.
La luna se ha enredado en el olivar
y no puede soltarse.
La luna de las esperanzas circulares
Rueda entre las nubes.
G
cuando sonríes,
se aburren los pensamientos serios.
De noche, callan los montes a tu lado,
de mañana, te acompaña la arena del mar.
Si tú me tratas bien
huelga toda la industria pesada.
H
Los montes tienen valles
y yo ideas.
Ellas se extienden
hasta la niebla y la pérdida del camino.
Al fondo en el puerto
sobresalen los mástiles.
Detrás de mí comienza Dios
con alambres y escaleras,
con cajones y roldanas
y eternas eternidades.

La primavera nos encontró:
Alrededor todos los montes
son lastre
que pesan nuestro amor.

El pasto erguido lloró
en nuestro oscuro escondite :
Nos encontró la primavera.

EL HOMBRE EN SU VIDA
No es posible que el hombre tenga
en su vida tiempo para todo
y que tenga un lugar para
cada objeto. El Eclesiastés se equivocó en eso.

El hombre debe amar y odiar al unísono
con los mismos ojos llorar y reír
con las mismas manos lanzar piedras
y también recogerlas,
hacer el amor en la guerra
y guerra en el amor.

Odiar y perdonar, recordar y olvidar
arreglar y desordenar, comer y asimilar
lo que la difusa historia
hace a lo largo de los años.

El hombre no tiene tiempo en su vida,
cuando pierde algo lo busca,
cuando lo encuentra se olvida,
cuando se olvida se enamora
y cuando se enamora empieza a olvidar.

Su alma tiene experiencia,
es muy profesional,
pero su cuerpo es siempre de un aficionado. 
Busca y se equivoca,
no aprende y se embrolla
borracho, ciego en sus placeres y sufrimiento. 

El higo morirá en el otoño
encorvado, y lleno de sí mismo y dulce,
las hojas se secan en el suelo 
y las ramas desnudas indican
hacia el lugar que hay tiempo
para todo.

DEMASIADO
Demasiados olivos en el valle,
demasiadas piedras en la ladera,
demasiados muertos y tan poca
tierra para cubrirlos.
y yo debo volver a los panoramas dibujados
en los billetes de banco
y al rostro de mi padre en las monedas.

Demasiados días de recordación. y tan pocos
recordables. Mis amigos han olvidado lo estudiado en la niñez,
y en algún lugar oculto yace mi amiga,
y yo siempre ante todos, alimentando los espíritus hambrientos

Demasiado el cansancio, y tan pocos los ojos
para abarcarlo. Demasiados los relojes
y tan corto el tiempo. Demasiados juramentos
sobre la Biblia. Demasiados caminos. Tan pocas
las rutas por donde en verdad marcha el hombre y su destino.
demasiadas esperanzas escapadas de sus dueños,
demasiados soñadores y tan pocos los sueños
cuyo acierto cambie la historia del mundo,
como los sueños del faraón.

Y mi vida se cierra tras de mí y yo afuera, pero
de espíritu feroz y ciego, que siempre
me empuja por la espalda. Domesticado, me siento y salto,
y espero recorrer los caminos,
que deban ser mi propia vida.

UNA CHICA LLAMADA SARA
Sara escribe cartas
sin consideración y por vía marítima.

Por sus bellos ojos,
debe ella pagar intereses
todos los días de su vida.

Bajo el palio de sus cejas,
siempre bodas.

Su boca creció carmesí en el arbusto
del bosque junto a mi infancia.

En cajones, el mundo en su pieza,
embalado para un viaje.

Gusta de obleas de amor apresurado,
dispuesta a salir en cualquier momento
a la Tierra Prometida,
aún camino del desierto.

Quiero discutir con ella
sobre cambios en el mapa de mi vida.

DUÉRMETE MI NIÑA
Duérmete mi niña,
¿Quién vela todavía?
Ya no queda nadie,
y en un par de horas
estarán también mis ojos
en la almohada.

Duérmete mi niña,
¿Quién puede llamar todavía?
No queda quien llame.
Cada uno está en sus cosas
y en el otoño
frío hará.

Duérmete mi niña,
¿Quién ha de cerrar?
No queda quien cierre.
En el mundo ha de faltar
Un hogar o más,
ya se hizo tarde.

Duérmete mi niña,
¿Quién recordara, quien se olvidará?
El asesino no volvió
al lugar de su crimen.

El mundo se oculta 
en la copa de un pino. 
He bajado mi rostro
a media asta, 
hasta mañana.

VEN A JUGAR
Ven a jugar a la resurrección,
ven a jugar a los muchos contra los pocos.
Jugar al viaje de los pájaros del amor
y al juego de los policías y los ladrones, del desaliento y la 
esperanza. 
Ven a jugar a saltar entre las fronteras de tiza del mundo,
ven a jugar, ya se agregarán los demás.

Ellos y el juego del silencio, cuando ya no queda nada por decir 
y el juego de buscarse, que no tiene fin en el desierto.

A MI REGRESO
A mi regreso, me dijeron que no tengo
ni casa ni nada. Y debo
reanudar mi guerra
y verter mi propia sangre.
Fui uno, soy muchos, seré otra vez uno.

Cuando el mundo estuvo de cumpleaños
le trajeron ideas nuevas
envueltas en papel de diario y ensangrentadas.
Yo me vine con las manos vacías.
Fui pobre, soy indigente, seré miserable.

Soy el último de la lista y el más pequeño en los salones,
pero grande en cuentas primaverales y en el amor.
Soy una de las fuentes de la esperanza toda.
Abiertos están mis balcones y no quiero escaparme.
Fui mi padre, soy yo, seré mi hijo.

He llegado lejos. Ha recrudecido la guerra,
se han cansado mis pensamientos
y agotado, como los brazos de Moisés
y no hubo quien les diera sostén.
Fui allá, estoy acá, dentro de poco ¿adónde?