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Biblioteca Virtual Hispanica

lunes, 7 de octubre de 2013

ZELDA (MISHOVSKY)


ZELDA (MISHOVSKY) (1914-1985). Nació en Rusia, llegó a Eretz Israel en 1925. Ganó varios premios literarios, entre ellos el premio Bialik, en 1978.


CADA PERSONA TIENE UN NOMBRE

Cada persona tiene un nombre
que le puso Dios
y que se lo dieron su padre y su madre.

Cada persona tiene un nombre
resultado de sus rasgos y su sonrisa
y que le dio su figura.

Cada persona tiene un nombre
que le puso la montaña
y que le dio un hogar.

Cada persona tiene un nombre
derivado del zodíaco
y que se lo dieron los vecinos.

Cada persona tiene un nombre
producto de sus pecados
y que se lo dieron sus ambiciones.

Cada persona tiene un nombre
que se lo pusieron sus enemigos
y se lo dio su amor.

Cada persona tiene un nombre
que se lo dieron sus alegrías
y su profesión.

Cada persona tiene un nombre 
fruto de las estaciones del año 
y que se lo dio su ceguera.

Cada persona tiene un nombre 
que le dio el mar
y que llevó
hasta la muerte.

CUANDO ESTUVISTE...
Cuando estuviste aquí,
tu mirada ardiente
me abrigaba
y nuestros pensamientos
de pronto
se entrelazaban.

Cuando estabas conmigo,
entre las cosas diarias,
los muros eran miembros de la familia
que contaban viejos relatos
en la noche,
cuando nos servíamos el té.

Ahora,
los muros no son refugio,
se cerraron en su silencio
y no verán mi caída.

Ahora,
los muros son cemento y cal,
elemento extraño,
materia que no responde
como la muerte.

TÚ CALLAS
Tú callas desde
tu mundo recóndito.
El monte tapó los lugares
que pisaste, cuando vivo.

Yo cubro tu silencio
con las letras y su sonido,
cubro la nada
con esas aves que
vienen a beber
y con serpientes,
sí, serpientes.

Te llamé especialmente,
luz-
porque tenía miedo.
No fuera a reconocerte
en la oscuridad,
entre el agua fresca
y los pozos profundos.

ENSUEÑO
Paseábamos por una ciudad 
nocturna y festiva,
un esplendor sombrío nos rodeaba
y un público excitado.

Mi corazón era fresco y delicado 
como un árbol plantado en el agua.

Tal vez el despertar no sea la realidad, 
porque cómo podrá comprender 
que el que marchó a mi lado, 
bello y hermoso,
lejos de la luna
se encuentra ante ti,
Señor.

LA ROSA NEGRA
¿Fue acaso mi nostalgia la que creó
esa rosa negra que en el sueño
me entregaste?
¿O fue tu nostalgia la que se
introdujo en forma de flor,
de ese mundo misterioso
a mi quimera?

¿Y por qué te pedí
de pronto aretes?
Cosa que no hice nunca
cuando estaba todavía
en el mundo consciente.