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viernes, 14 de febrero de 2014

El Mundo maravilloso de Alondra

CARBONELL  ANA PAULA 
SIN TITULO (ALONDRA )
AUTORA TIENE 13 AÑOS
"¡Pero mamá!" discute Alondra.
"Ni una palabra más. No vas a salir, está lloviendo afuera y no quiero que te enfermes," responde su madre, metiendo la cartera a su bolsa. Alondra suspira dramáticamente.
"Voy a salir, y tendré que confiar en ti. No salgas. Vuelvo en 2 horas," su mamá le planta un beso en la mejilla y sale de la casa.
Alondra espera hasta que su mamá sale de la casa y que el ruido del motor de su coche desaparezca. Luego sale desprendida del sofá hasta el cuarto de su hermano y toca fuerte en su puerta.
"¡Tomás! ¡Hay que salir! ¡Vamos a la casa!" Le grita.
"¿Qué acaso mamá nos dijo que no saliéramos mientras ella no está? ¿Y menos si llueve?" Le contesta Tomás del otro lado de la puerta.
"Ay, no seas aguafiestas. Ella no regresa dentro de 2 horas. Además, en la casa no te mojas. Mamá siempre olvida eso. ¡Ándale!" Le insiste.
Se oye un suspiro. "Vale. Ya voy." 
"¡Sí!" Alondra exclama.
Corre a su cuarto y se recoge su rizado pelo negro. Se cambia sus zapatos de la escuela por botas, y baja a la cocina a esperar a su hermano.
Tomás tiene el pelo tan negro como el de Alondra, pero él lo tiene corto y lacio. Tiene catorce y es 2 años mayor que su hermana.
"Vámonos pues, antes que regrese Mamá."
Salen de la casa. Aún está lloviendo así que ambos traen impermeables amarillos. Son las 5 de la tarde y el cielo ya estaba gris. No hay nadie afuera y las calles están desiertas.
A tres cuadras de la casa de Alondra y Tomás hay una casa abandonada. Es muy grande y se quedó a mitad de la construcción ya que los dueños no la pudieron seguir pagando. Hace alrededor de un año, los hermanos descubrieron la casa y la hicieron suya. Trajeron un pequeño sofá, una mini televisión y hasta un refrigerador pequeño que llenaban de refrescos. La casa tiene un ventanal de frente, arriba de donde la puerta debería estar. La casa es gris y fría, pero genial para pasar las tardes jugando videojuegos y comiendo en paz.
Al irse acercando a la casa, Alondra nota una sombra en el ventanal. Parece ser una persona. Alta y delgada, viendo al horizonte. De repente, como si percibiendo su llegada, la sombra desaparece. Alondra se detiene.
"Tomás... ¿Viste eso? ¿Esa sombra? Parecía una persona..."
"No seas tonta, Alondra. Seguro y era un mapache o un gato. Tu sabes que siempre se meten a la casa." 
Alondra se quedó en silencio y siguió caminando. Ella sabía que lo que había dicho Tomás era lógico y cierto, la casa estaba infestada de mapaches. Quería creer que sólo fue eso. Pero muy dentro sabía que ningún mapache era tan grande.
Entraron al cuarto principal de la casa, que tenía techos altos y pilares grises, donde había un hoyo donde se iba a colgar una lámpara. Había una escalera blanca que conducía al segundo piso. Alondra no quería subir, mientras su hermano ya estaba subiendo por las escaleras.
"¿Qué te pasa, boba? ¿Enserio te asusto el mapache?" Se burla Tomás.
"No," dice Alondra sin pensarlo, y sube por las escaleras tras su hermano.
Al llegar al segundo piso se fueron por un corredor y entraron al cuarto de la tele. Tomás se sentó en el sofá y se puso a verla. Alondra lo imitó.
De repente, se oyen unos pasos, y luego como si alguien se hubiera tropezado y tirado algo en el cuarto adyacente.
Alondra se quedó helada. "Tomás. Dime que oíste eso."
Tomás sólo asiente, sin quitar la mira de la pantalla. "Es el mapache." Dice simplemente.
"¡No es un mapache!" Le susurra Alondra, "¡Es una persona!" 
Tomás suspira y se pone de pie. Se oyen más pasos apresurados de la otra habitación.
"¿Una persona, eh? A ver, vamos a ver quién es. A menos que te asuste, claro." 
Alondra sabe que si el la acusa de tener miedo, ella hará lo que sea. Pero estaba aterrada. Tratando de que no se note que sus piernas tiemblan, se pone de pie. Más pasos del otro cuarto. 
"Vamos." Dice, tratando de poner una cara decidida y confiada.
Tomás le rueda los ojos y juntos se dirigen al cuarto de donde provienen los ruidos. Es de los únicos cuartos a los que si les colocaron puerta.
"Pues ábrela, Alondra la valiente. Pruébame que estoy equivocado y no es un maldito mapache."
Alondra tragando saliva se acerca a la puerta. Su mano tiembla, y mientras abre la puerta, desea con todo su corazón que lo que encuentre del otro lado sea un mapache. Pero no.
Lo que ve del otro lado la paraliza. Atrás de ella, siente cómo Tomás se tensa en sorpresa detrás de ella. En el cuarto, que estaba destinado a ser una recámara y es bastante pequeño, hay un hombre. Sus manos están atadas y sangradas. No podía ser mayor que su papá. Usaba unos pantalones negros y una simple camisa blanca, ambos manchados de rojo y rasgados. Estaba descalzo y sus pies también estaban heridos.
Pero no era esto lo que asustaba a Alondra. Era su cara. Delgada y esquelética, como si no hubiera comido en mucho tiempo. Con los ojos rojos y las pupilas negras como la tinta. Miraban a Alondra con locura. Y ella lo reconoció. De las noticias de la semana pasada. 
El encabezado que decía:
"Asesino en Serie Escapa de la Policía." 
La misma cara del periódico.
El hombre no se mueve, sus ojos clavados en los de Alondra. Ella se sorprendió al ver que los ojos del hombre estaban llenos de terror.
"¡Váyanse! ¡Ella regresará pronto!" Grita este. Su voz es muy profunda y rasposa.
Alondra no se pudo contener y pregunta "¿Quién es ella?"
El hombre tiembla de miedo. 
"Ella, la verdadera asesina..." Su mirada se pierde como si estuviera recordando algo.
"¡Corran! ¡No tardará! ¡Ya es muy tarde para mí!" Dice temblando.
"Alondra, vámonos de aquí." Le susurra su hermano a la oreja.
"¿La verdadera asesina? ¿Tú no mataste a todas esas personas?" Ella le pregunta al hombre.
Éste sacude su cabeza violentamente. “No, no fui yo, yo lo vi todo, trate de huir… pero ella es más lista.”
 “Alondra, vámonos…” le insiste Tomás entre dientes. Ella no le hace caso.
“¿Y por qué no huyes ahora mientras no está?” ella pregunta, y el hombre suelta una risa fría que le da escalofríos a Alondra.
“No lo entiendes, niña. Ella siempre me encontrará. No hay salida.” El continúa riéndose. “¡Salgan! ¡Salgan o hará lo mismo con ustedes!”
 Tomás toma a Alondra del brazo y los dos salen corriendo de la casa. No paran, corren a toda velocidad hasta llegar a su casa. Una vez dentro, Tomás agarra a su hermana de los hombros y le dice,
“No le digas a nadie de esto. A nadie. ¿Comprendes? Nadie puede saber.” Ella asiente. El la suelta y ambos se dirigen a su cuarto y cierran la puerta. Alondra se tumba en su cama y se pone a llorar. Los dos hermanos se quedan en silencio, tratando de olvidar lo que acaban de vivir. Pero cuando Alondra cierra sus ojos, puede ver a esos carbones encendidos de terror pidiéndole ayuda.