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Biblioteca Virtual Hispanica

lunes, 24 de febrero de 2014

El traje nuevo del Emperador

Érase una vez un país en el que reinaba un
emperador muy presumido.Cada momento
del día estrenaba un traje diferente: un traje
para desayunar,un traje para comer.....Casi
todo el dinero del país se lo gastaba en trajes.

Enterados de esta manía, llegaron una mañana
dos forasteros.Al momento pregonaron que
eran capaces de hacer trajes como jamás
se habían visto.

La noticia llegó a oídos del emperador.
Al momento,hizo llamar
a su presencia a los forasteros.

-Me han dicho que
vosotros coséis trajes
extraordinarios.

-Así es, Majestad.
Nuestros trajes son de tal
calidad que podría decirse
que son mágicos.

¿Mágicos?

Sí, porque nuestras telas
solo  pueden ser vistas
por personas inteligentes y honradas.

El emperador pensó que él
era inteligente y honrado. Así
que mandó que instalaran
a los sastres en palacio
para que se pusieran a trabajar
de inmediato.


Pasaron unos días y
el emperador los visitó.
Los sastres movían
los mecanismos de los telares.
Pero el emperador no
lograba ver tela alguna.

-Majestad, observad la calidad del paño.
  Mirad su trama,sus dedicados colores....

El emperador miraba y miraba, pero seguía
sin ver nada. Sin embargo, no podía decirlo.
Hubiera sido como decir que él no era ni
inteligente ni honrado.

¡Es maravilloso!

Dijo finalmente. Y para probar, hizo venir a todos
sus ministros y consejeros para que opinasen
de la tela. Ellos tampoco la vieron. Pero ninguno
se atrevió a confesarlo.


El ministro de Economía fue el primero en hablar.

¡Algo nunca visto!

Después habló el consejero de Vestuario Real:

¡Sensacional! ¡Qué tejido más delicado!

Y así, uno tras otro, fueron alabando las telas que ninguno
veía. El emperador dudaba pero animó a los sastres a terminar
el traje cuanto antes. Quería
estrenarlo el día de su cumpleaños.

Los días de prueba hacía que sus
consejeros le acompañaran.
Siempre había alguno que decía:

-Va a ser vuestro mejor traje.

¡Qué bien os sienta, Majestad!

Él se miraba en el espejo y solo veía
su cuerpo desnudo. Más de una vez
estuvo a punto de decirlo. Pero sería
como reconocer que era un ignorante.

Mientras tanto, los mercaderes pedían cada día
más y más dinero  para comprar telas y encajes.

Por fin llegó el gran día: el cumpleaños imperial.
La gente esperaba impaciente. Todos querían ver
aquel traje del que tanto habían oído hablar.

Pasaron cien caballeros sobre sus caballos blancos.
Desfiló la banda de música. Y por fin de pie,
en la carroza real, llegó el emperador

Cuando los súbditos vieron a su emperador
desnudo, no podían creérselo. Pero,al igual
que los consejeros, no se atrevieron a decir nada
y gritaban:

¡Viva nuestro emperador¡ ¡Viva!

Y así hasta que un niño, que iba sobre los hombros
de su padre, dijo en voz alta señalando al
emperador:

-¡Mira, va desnudo! ¡El emperador va desnudo!

Las voces cesaron. Todos agacharon la cabeza.
El padre del niño, asustado, se arrojó a los pies
del emperador:

-Perdonad,Majestad. Es solo un niño
y no sabe lo que dice.

Y el emperador,cubriéndose con la capa de uno
de sus consejeros, les mandó ponerse de pie y
exclamó:

-Vergüenza nos debería dar a todos.
El niño, por ser niño, ha sido el único
que se ha atrevido a decir la verdad.

Cabizbajos, el emperador y el pueblo
se retiraron a sus hogares.

Aquel suceso sirvió para que el emperador
aprendiera a ser menos presumido y a pensar
más en los demás. Y los consejeros y los súbditos
comprendieron que nunca se debería tener miedo
a la verdad.


Hans Christian Andersen

Serie Los Cuentos del candil.