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Biblioteca Virtual Hispanica

lunes, 28 de abril de 2014

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ - LOS BEATLES




     Así es: la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las 
     canciones de los Beatles. Cada quien por motivos distintos, desde luego, y 
     con un dolor distinto, como ocurre siempre con la poesía. Yo no olvidare 
     aquel día memorable de 1963, en México, cuando oí por primera vez de un 
     modo consciente una canción de los Beatles. A partir de entonces descubrí 
     que el universo estaba contaminado por ellos. En nuestra casa de San 
     Angel, donde apenas si teníamos donde sentarnos, había solo dos discos: 
     una selección de preludios de Debussy y el primer disco de los Beatles.

     Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres; 
     “Help, I need somebody”. Alguien volvió a plantear por esa época el viejo 
     tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: 
     Bach, Beethoven, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería 
     de siempre: que se incluyera a Bosart. Alvaro Mutis, que como todo gran 
     erudito de la música tiene una debilidad irremediable por los ladrillos 
     sinfónicos, insistía en incluir a Bruckner. Otro trataba de repetir otra 
     vez la batalla a favor de Berlioz, que yo libraba en contra porque no 
     podía superar la superstición de que es oiseau de malheur, es decir, 
     pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñe, desde entonces, en incluir a 
     los Beatles. Emilio García Riera, que estaba de acuerdo conmigo y que es 
     un critico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, 
     sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: “Oigo a los 
     Beatles con un cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos 
     por todo el resto de mi vida”. Es el único caso que conozco de alguien con 
     bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el 
     nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos 
     Fuentes, y lo encontraba escribiendo a maquina con un solo dedo de una 
     sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y 
     aislado de los horrores del universo con la música de los Beatles a todo 
     volumen.
     (....) 

     Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la 
     nieve, con mas de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quien 
     soy, ni que carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue 
     igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo 
     cambio entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y  la barba, las 
     mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir 
     y de amar, y se inicio la liberación del sexo y otras drogas para soñar. 
     Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión 
     universitaria. Pero, sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación 
     distinta entre los padres e hijos, el principio de un nuevo dialogo entre 
     ellos que había parecido imposible durante siglos.


     16 de Diciembre de 1980 
     (Extractado de Notas de prensa 1980 – 1984)