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domingo, 18 de mayo de 2014

Diario de un clon


Los fragmentos de este diario, hallado en el archivo del Sótano Central tras su toma por el heroico Ejército de la Lucha Nacional por la Unidad Fisiológica, fueron publicados por primera vez en la revista Yo y Yo, en enero del año 22 de la Era Reciente, que vio la luz en todas partes de todos los reinos y territorios bajo el dominio del Único Dios Bifronte y su Hija. El texto fue preparado por Nikolaiev y Tereshkov. Censor J. J. Yaev.

1.
Estoy sentado en mi habitación, en la que he pasado toda mi vida, y solo, triste, alegre, contento e indiferente, contemplo frente a mí el centro exacto de mi pared blanca, que hace nacer en mí cualquier color, forma o sensación. No sé quién soy, no recuerdo cuántos años tengo, desconozco mi nombre, mi meta, mi nacimiento o mi muerte. Ni siquiera tengo un número; no tengo nada, pero tengo un «yo», éste es mi único sentimiento primigenio, y, quizá, ahí esté encerrada mi superioridad y, precisamente ahí, se oculten mi felicidad y mi destino.
Hoy me han dado permiso para llevar un diario, verdad es que no en mi ordenador natal, de donde he extraído desde niño todos mis saberes e ideas, sino de un modo antiquísimo y extraño, en algo denominado «máquina de escribir», así que va a ser un ejemplar único. No termino de entenderlo, sin embargo el médico la trajo hoy a mi habitación, me enseñó cómo funciona y se fue tras desearme suerte y de paso prohibirme terminantemente utilizar el ordenador para difundir mis ideas y sentimientos, lo que nunca se me hubiera ocurrido, puesto que está bloqueado, está clausurado para mi entrada en el mundo; solo a través de él puedo conseguir información, y aun así estrictamente dosificada.
¿Por qué es así? ¿¿¿Por qué??? ¿Por qué? Respóndeme, mi pared blanca. Respóndeme, pantalla vacía. Seguramente la verdad se encuentre dentro de mí, maldita sea, y el sentido de las palabras esté encerrado en... No, no debo alterarme mucho o durante el próximo tratamiento médico me calmarán tanto que luego me voy a pasar muchos días en un estado de alegría maniática-down-oligofrénica que no sé por qué pero no la quiero para nada. Así que me fui a dormir.

5.
Hoy me he abstraído, me he puesto mi casco virtual, las pulseras, las gafas y los pantalones, me he conectado al sistema habitual y he intentado entrar en otros programas, aunque solo fuera para ampliar mis conocimientos sobre lo que me rodea, de los que casi carezco, excepto los más comunes: que vivimos en el más espléndido de los estados espléndidos llamado «Tierra», que el gobierno nos alimenta y nos cura, y que a la postre moriremos. Además, aparte de a mí mismo y a los médicos, no he visto a ninguno de mis semejantes. Pero ¿por qué los esconden? ¿O es que no debemos relacionarnos? Sin embargo yo conozco las palabras, puedo hablar, escuchar, ver, oler, palpar. Quizá morimos al rozarnos o puede que simplemente al contemplarnos mutuamente; entonces ¿nuestros médicos son seres totalmente distintos? No lo sé, de nuevo no lo sé. Mi intento de entrar en otro programa acabó estrellándose contra una complicada barrera de códigos difíciles de comprender, pero por lo menos lo intenté; y es que tengo una reserva de tiempo solo limitada por la muerte y una ausencia total de cualquier ocupación, si exceptuamos los tratamientos médicos y la gimnasia, que ya me tiene aburrido pero cuyo cumplimiento preciso ellos vigilan minuciosamente con sus sensores.

12.
Con gran obstinación estoy intentando saltar la barrera ¡Es un código genial! Pero creo (¿o puede que me lo haya dicho alguien?) que yo tampoco me quedo atrás. ¡Adelante!

34.
¡Oh, qué día!... Yo... ¡He saltado la barrera!... Es un enorme sentimiento de... no puedo encontrar la palabra precisa... libertad el que me envuelve, y estoy listo para sumergirme en ese torbellino de información que me estaban ocultando. Pero ¿y si no está?... Ahora lo averiguaré. Ahora averiguaré todo, quién soy, de dónde vengo, adonde voy, y para qué y por qué. Y arriba, y abajo; estoy igual de alegre que después de un tratamiento tranquilizador, pero sabio, como después de reflexionar. ¡¿Allá voy?!

35.
He tardado mucho en decidirme, no quería, no podía escribir nada. Solo hoy he conseguido concentrarme un poco, reunir fuerzas, ánimo y sentimientos. Así que he descubierto quién soy yo, qué soy, para qué y adonde voy. Es grandioso y terrible.
Yo soy un clon, o sea, la copia exacta de alguien como yo que vive en el mundo exterior. Yo soy una mitad, soy una parte, una fracción, pero al mismo tiempo soy un entero. Todo lo que él (yo) tiene, también lo tengo yo (él), solo que yo estoy aquí y él allí.
Voy a intentar, aunque sea de forma confusa, anotar aquí lo que he averiguado.
La clonación se puso en práctica por primera vez a finales del siglo XX... Cierto doctor clonó una oveja y el principio estaba claro. Inicialmente la clonación de humanos fue prohibida, sin embargo, poco tiempo después se llevó a cabo de manera ilegal, y después también oficialmente. Inicialmente solo se realizaba la clonación mediante la implantación en otra mujer del ADN de un niño, pero más tarde se aprendió a producir clones en probetas, así que toda persona podía conseguir su «segundo yo», que era nueve meses más joven. Tras una terrible peste provocada por cierto virus cultivado por los militares, la población del planeta se redujo ostensiblemente, murieron los negros, los judíos, la raza mongoloide, prácticamente todos... Solo quedaron blancos de cabello claro y ojos azules. El virus fue finalmente vencido, pero entonces se produjo un fuerte desplazamiento del eje terrestre provocado por una extracción y concentración masiva de materiales pesados en determinados puntos de la Tierra. Como consecuencia, solo la mitad sur de América del Norte y la parte septentrional de las Islas Británicas fueron consideradas habitables. La gente se unió en un único estado: el más espléndido de los espléndidos... Pero eran muy pocos. Y entonces se acordaron de la clonación... Primero produjeron clones sin que importara la cantidad (no menos de uno por familia) y los enviaron a diferentes puntos geográficos, para que así, en la medida de lo posible, nunca pudieran encontrarse. Pero esto no era más que una idea utópica. El hombre crecía solo, comprendía que era un clon, intentaba encontrar a su yo original, a su familia, etc. Se sucedieron encuentros desagradables, crímenes cada vez más difíciles de descubrir, pues muchas veces los propios padres, tras comprender que en lugar de su querido hijo vivía y actuaba su clon, que había matado al ser que ellos habían traído al mundo por vía natural-sexual, al que había suplantado de forma imperceptible, no querían entregarlo, temerosos de perder también al clon. Al fin y al cabo, ¿cuál era la diferencia?... Puesto que el clon también era él. A menudo las mujeres descontentas con su matrimonio buscaban a los clones de sus maridos y o bien se escapaban con ellos o, lo que era más frecuente, mataban a los nacidos de forma natural (empezaron a llamarlos «naturales») y vivían tan a gustito con sus clones. Las especialmente diligentes lo hacían más de una vez, si conseguían clones. Los hombres no desmerecían en absoluto; como resultado, la creación de familias nuevas se convirtió en un problema mayúsculo, puesto que a nadie le gustaba esa situación y todos tenían miedo de sí mismos, ya que todos tenían un clon. Por otra parte, a veces los clones trababan amistad y fundaba verdaderas comunas. También hubo casos de amor hacia el propio clon, a menudo correspondido. En resumen, aquello desembocó en el caos más absoluto. El vaso del marasmo universal se colmó cuando, a resultas de una conspiración gubernamental secreta, un grupito de médicos bien situados sustituyó al presidente por su clon. La conspiración fue descubierta por su observador secretario particular, a quien le habían llamado la atención los extraños vacíos en la memoria del Presidente y sus errores garrafales en bioquímica, algo que simplemente era imposible, puesto que todos sabían que el Presidente había sido premiado, durante su época de estudiante, con la medalla de oro de la Universidad de Relaciones Nacionales. El quid de la cuestión se complicaba aún más debido a que por entonces era imposible determinar mediante un análisis quién era un clon y quién no. Por cierto, de esto también se aprovecharon los clones descubiertos tras no conseguir matar a la primera a su "yo" original, pues ese ataque frustrado se convertiría en una elea interminable consigo mismo. En ocasiones hubo que echarlo a suertes. Pero finalmente ese grupo de médicos, bajo la dirección de Sokolov y Mikitov, encontró un método para identificar de forma precisa quién era quién. Comenzó así la denominada Era de los Análisis. Se examinó a toda la población de la Tierra habitada, sin excepción. Los clones así desenmascarados fueron arrestados y enviados a cárceles especiales, reconvertidas más tarde en reservas, sin reparar en ninguna de las protestas de sus allegados, de sus «naturales». El orden fue restablecido temporalmente, sin embargo el conjunto de la sociedad se había convertido en un gran campo de concentración en el que unos estaban encerrados para toda la vida y otros los custodiaban de manera vitalicia. Naturalmente, esta situación no podía ser del gusto de los clones y al poco tiempo estalló la guerra. Una guerra en la que nadie entendía nada, donde cada cual intentaba demostrar que él era «natural» o, al revés, un clon; donde cada uno intentaba matar a su otro yo y quedarse como singular y otras cosas por el estilo. Los bien situados médicos, enclaustrados en un bunker especial, y aislados de una terrible e incomprensible guerra de incierto final, de nuevo, y tras prolongados experimentos, hallaron un remedio. El grupo investigador dirigido por Jane Pepsi y Ronald Cola, inventó un veneno que solo mataba a los clones. Intoxicaron el agua de todo el país con ese veneno; inmediatamente los clones comenzaron a morir. Resulta que murieron la mitad de los miembros del gobierno, y algunos de los médicos influyentes. El presidente, que estaba al corriente de este plan, sobrevivió. Durante muchos años el horror, el caos y el olor a cadáver se apoderaron de la Tierra. Luego, mucho tiempo después, cuando se hubo implantado una relativa calma y todo ese espanto pasó casi al olvido, la humanidad retomó de nuevo la clonación. Sin embargo, recordando los errores precedentes, decidieron producir clones solo para el trasplante de órganos. Te dedicas a vivir la vida, tu hígado se vuelve totalmente inútil, y aquí tienes uno clonado, es como el tuyo, pero nuevo. Y lo mismo con los demás. Para ello inducían a los clones a un estado de coma total, o los volvían tontos para que no se enterasen de nada y no supusieran ningún peligro. Sin embargo, más tarde se observó que el desarrollo del resto del organismo en esas condiciones de idiotismo absoluto, o en coma, era lento y malo y que eso influía en el corazón, riñones, hígado, bazo, etc., tan necesarios para los «naturales». Ahora, por fin, me estoy acercando al secreto de mi existencia... Entonces se decidió criar a los clones en sotanos secretos, criarlos en condiciones totalmente normales, adecuadas, pero de tal manera que nunca pudieran traspasar las paredes de su habitación o del despacho del médico, aislarlos unos de otros, darles el mínimo de información sobre el mundo y sobre ellos, someterlos a continuos tratamientos médicos, velando por su salud, y cuando hiciera falta, utilizarlos según su prescripción. Por fin algo convenía a todos y se implantó la Era de la Prosperidad Universal. Es más, muy pronto esto fue tan secreto que los «naturales» llegaron a ignorar que en algún lugar tienen un clon. Y así ellos no saben nada, y nosotros tampoco sabemos nada, y todo está bien, todo está en calma. Y cuando él (yo) necesite por ejemplo mi riñón, yo no entenderé por qué me lo han extirpado y él creerá que es una genialidad de la medicina moderna. Y así están las cosas.
Después de haber expuesto todo esto en la máquina de escribir, he vuelto a sentir y a experimentar, y ahora, cansado, me iré a dormir hasta que sepa qué voy a hacer de ahora en adelante. Es evidente que he perdido para siempre mi serenidad espiritual, lo que, por supuesto, se pondrá de manifiesto en el tratamiento médico. ¡Ojalá no hubiera descubierto ese código genial!... Seguro que hubiera sido mejor no haber nacido. Mejor dicho, ¡ojalá no me (le) hubieran clonado!

36.
He estado dos días sin hacer nada, solo estar tumbado y pensar. No quería comer nada, pero tuve que hacerlo ya que mi falta de apetito hubiera sido sospechosa. Pero hasta el momento me encuentro en un estado de total desolación, espanto, postración. No soy más que un almacén de órganos nuevos para otro, para alguien anterior a mí. ¿Acaso es justo?... Si no lo es, ¿cómo puedo continuar viviendo? Si lo es, entonces no lo entiendo. ¿Es posible que una historia completa de la humanidad me provea de respuestas?... He decidido conseguir el máximo de información sobre todo, absolutamente todo, y luego sacar mis conclusiones definitivas.

44.
Todos estos días he estado inmerso en la historia de las sociedades antiguas, en sus convicciones acerca del mundo. Ellos veían en cada objeto y en ellos mismos lo Divino. Yo no sé qué es eso de Dios, pero puede que alguna vez lo entienda. A pesar de todo, la información funciona. Todo el día de hoy lo he pasado caminando por la habitación y hablando con las cosas, con los alimentos que he saboreado, de los que devolví una parte a los grandes espíritus, y con mi principal ídolo: la pared blanca enfrente de mí. Yo ya me comunicaba antes con ella, solo que no entendía qué era exactamente. Todo esto me entretenía un poco; sin embargo, me resultaba difícil entender el verdadero punto de vista de los antiguos sin conocer la naturaleza que les rodeaba y que yo nunca he visto y nunca veré. He tenido que echar una ojeada a la ciencia moderna y estudiar a fondo un curso de historia natural esencial, que incluía biología, química, física y demás ciencias naturales. Ni que decir tiene que utilicé un curso acelerado de hipnosis, ¿cómo iba a conseguirlo si no? Pero todo esto lo estudio solo para comprender exactamente cómo entendía la gente de otras épocas la razón de su existencia, esto es lo más importante para mí. Por ejemplo, me es totalmente indiferente el simple hecho de que la materia está compuesta de átomos. Para mí y en mi situación es mucho más importante saber dónde encuentran esos átomos la razón de su vida, por qué existen, cuál es su propósito y cosas por el estilo. La viabilidad de los antiguos, a mi juicio, se basaba en la diversidad de formas de vida y de constantes transformaciones naturales. Yo estoy privado de eso, después de tres días ya me he aburrido de mis no tan numerosos objetos que me han rodeado toda mi vida. Continuemos, puede que encuentre la respuesta. ¿Qué será eso de Dios?

56.
La filosofía, por la que pasé brevemente durante el curso de hipnosis, parece despejar el espacio repleto de toda clase de reflexiones ignorantes situado delante de cierta puerta, pero no se decide y tiene miedo de abrir esa puerta. O no puede. Ella, igual que la ciencia, es un gran instrumento para conocer el mundo, pero en mi situación solo hay una salida: hacia delante, ¡hacia esa misma puerta!

67.
El arte... Diría, utilizando una expresión coloquial y sin embargo bastante exacta, que el arte es simplemente una pasada. Voy a estar asimilándolo siempre, ¿me queda otra opción? Además, en sus sublimes manifestaciones están encerradas, como materiales que lo componen, la filosofía y religión, tan imprescindibles para mí. Sin embargo, para percibir y crear arte con todo su valor hay que tener verdad propia, un objetivo propio, así como una razón y un Dios propios. De momento yo solo aspiro a ello, por eso, el arte como creación de algo nuevo con lo que uno ya ha descubierto y vivido, aún me resulta inaccesible de forma absoluta. Por lo general me parece algo extraño en su esencia. ¿Y si, por ejemplo, de repente resulta que mi presencia aquí y mi (su) existencia allí es también una especie de obra de algún artista loco al que tengo por tanto que percibir? ¿O que toda creación artística es obra de Dios? Siento frío en las piernas por culpa de estas ideas.

73.
La religión promete todo, literalmente todo, e incluso mucho más que todo. La religión es además el enlace con Dios. Me pondré de lleno con ella.

85.
Sé cómo se llama Dios pero no se debe mencionar en vano. Sí, todo es maravilloso, es un verdadero milagro, sin embargo, de ninguna manera puedo ser judío en vista de que todos los judíos desaparecieron en tiempos del terrible virus, así que, oh, no me cuadra. Es una pena.

94.
Hoy me quedé sentado delante de mi pared blanca, estuve contemplando su centro mientras respiraba profunda y lentamente, contenía la respiración, despedía toda la energía fuera, dentro, arriba, a cualquier sitio, y... ¡Sucedió! Entré en el nirvana. No sé si llegué a ser Buda pero espero haberme aproximado a los bodhisattva. La gran felicidad suprema me envolvió, una dulce Nulidad Divina me absorbió, mis miembros experimentaron un ligero deleite y un delicioso éxtasis, y realmente dejé de existir y me fundí con todo el mundo, y conmigo, y aquí y allá y por fin fui Todo y Nada a la vez... ¡Oh, pared blanca! ¡Oh yo! ¡Tat tvam asi! Me parece que encontré mi Atman, y en ese caso también mi razón.

106.
Continúo meditando. El krishnaísmo es curioso porque vuelve a aportar una oposición definitivamente rechazada por el budismo. Es cierto: una obra no puede crearse solo por sí misma. Ninguna religión es posible sin una oposición, según este concepto, el budismo no es para nada una religión, sino simplemente una psicotécnica. En general, psicotécnicas ha habido miles, sobre todo en los últimos tiempos. Sin duda alguna son necesarias, recurriré a ellas en algún momento, en los momentos de tristeza y cansancio, claro que desde el principio quise ver en el budismo algo totalmente distinto. Pero el krishnaísmo... El krishnaísmo... Ja, ja, ja... ¿Qué más se puede decir?

117.
El cristianismo... El cristianismo es... Es... Es... ¡Señor Dios mío! ¡Perdona mis pecados!

123.
He pasado toda la noche arrodillado y rezando. He comprendido mi razón, mi destino, mi objetivo. La esencia del espíritu de sacrificio me envolvió, y lloré y caí de rodillas. Al amanecer mi habitación entera se iluminó con una luz celestial, mi pared blanca realmente fulguraba con el fuego Divino y entonces pareció abrirse igual que una cortina y Jesucristo con la Virgen de su brazo se presentó ante mí y clamó: «¡Entra en el Reino de Dios!». Y la gracia de Dios me cubrió, fui verdaderamente feliz. Yo quiero entrar, Dios, déjame entrar en tu reino de los cielos, yo tampoco estoy en este mundo, y mi existencia no es de este mundo, necesito bautizarme, debo estar bautizado, dónde hay un cura, dónde está el agua, el agua bendita, dónde hay aunque sea alguien bautizado para que me bautice, porque yo no soy de este mundo, desde el principio he estado Contigo, con todos vosotros, sin embargo nunca podré ser bautizado, nunca, nunca... ¿Nunca? ¡Demonios, maldita sea!... ¿Demonio?... Él no tiene relación conmigo, ay, no tendría nada que ofrecerme.
Y éste es el incoherente estado que se apoderó de mí por la noche. ¿Qué puedo hacer? ¡¿Qué?!...

124.
Ya estoy harto de todo, también del diario. Pero lo retomo, porque si no me aburro. Todo mi problema consiste en que me he apoyado en esas elevadas ideas y emociones, pero lo que tengo que hacer es simplemente vivir, disfrutar, amar... Amar, eso es, ¡amar! ¿Qué es lo que sé sobre eso? He decidido dedicarme al amor.

135.
Las mujeres son seres asombrosos. He estudiado mucho tiempo su composición en diferentes configuraciones, diversos aspectos, caracteres, personalidades... La diferencia física con los hombres, a los que por cierto yo pertenezco, como habrá quedado claro, me ha parecido divertida, la psicológica no la he entendido. A propósito, ¿dónde está mi principio sexual? Nunca lo he sentido de manera biológica. Está claro que en algún momento de los tratamientos médicos me lo han quitado, o me alivian de alguna manera, lo que siempre está bien, porque si no hace tiempo que me hubiera subido por mi pared blanca. He trazado un retrato de la mujer que deseo y al instante me enamoré de ella. Y decidí escribirle versos. Misivas de amor que ella nunca leerá, ya que no existe. Y al fin y al cabo, ¿cuál es la diferencia?

144.
He escrito unos sonetos y un poema cortito. Para ello tuve que estudiar con el curso de hipnosis las bases de la versificación y de la creación poética en los diferentes pueblos. Empezaré una obra nueva y la escribiré en prosa y en verso. ¡Será importante! Es una pena que nadie vaya a leerla nunca.

156.
¡Se acabó! Es el fin, han acabado conmigo. Resulta que los médicos sospechaban algo y me cazaron entrando en el fichero informático de William Blake, que tenía prohibido. Tres de ellos vinieron a mi habitación, lo que nunca había sucedido, me escanearon de todas las formas posibles después de haberse conectado a los accesos de mi ordenador, cogieron la copia de mi diario para estudiarlo y se fueron, tras decir que tenían que deliberar pero que después me llevarían al tratamiento médico. Parecían muy desconcertados e incluso quizá asustados. Sin embargo lo importante es que ¡se han llevado mis versos y la gran obra que había empezado! Es una auténtica tragedia. Si por lo menos me dejaran acabarla. Pero no siento desesperación, no siento nada excepto alegría serena y tranquila, pues todo se termina en algún momento en este el mejor de los mundos, y el fin siempre está presente y sobrevendrá sin falta. Y por eso estoy preparado para todo, absolutamente para todo, pues precisamente ahora he comprendido lo que tanto quise alcanzar conozco la razón, conozco la verdad. Es... Bueno está en este instante, en estas palabras, ahora mientras escribo y se compone de una sencilla frase que yace en la base de todo lo demás: YO EXISTO.

157.
Estuve en el tratamiento médico, todo fue muy raro. Uno de los médicos, mientras sostenía en sus manos mis versos, preguntó de repente dirigiéndose a mí: «¿De verdad has escrito tú esto?». Yo asentí, e incluso sonreí, ¿y quién si no? Se los enseñó al otro médico, incluso leyó en voz alta algunas líneas a lo que éste dijo completamente serio: «Es suficiente, me doy cuenta de que es genial». Aquí el tercer médico, más joven, dijo de repente: «¿Y, en líneas generales, qué es lo que sabe?». Y fue como si el médico que tenía los versos se hubiera puesto triste de repente y dijo en voz baja: «Todo». Después realizaron conmigo la habitual terapia salubre, me devolvieron los versos y me acompañaron a mi habitación, tras anunciar que de aquí en adelante podía conseguir sin temor cualquier información, aunque manifestarme personalmente en la red informática sí que lo tenía prohibido, así que continúo trabajando en mi gran obra que tanto les ha interesado, igual que mi diario. No entiendo nada.

167.
Trabajo al máximo en la principal labor de mi vida. ¡Hurra! Ahora ya no surge ninguna pregunta tonta sobre objetivos, razones y cosas por el estilo. Yo experimento... como se dice... ¡Es una pasada!

173.
¡He terminado! ¡Terminado! Este instante no puede compararse con nada. Los médicos grabaron una copia y apartaron para leerla. Creo que les gusta mi obra ya que, cuando me llevaron al tratamiento de turno, me miraron con cierto respeto avergonzado, o admiración, igual que un niño pequeño que ha hecho alguna travesura a su riguroso padre. Y al fin y al cabo, ¿cuál es la diferencia?

199. (última anotación)
Se acabó. Hoy vinieron los médicos, seguramente todos Jos médicos que trabajan en mi sector de las Cuevas para Clones, nunca había visto tal cantidad... Un médico de pelo cano, el más honorable, se adelantó y comunicó que le daba mucha pena, y cosas por el estilo y de esa índole, que ellos incluso habían dirigido una solicitud al presidente en persona, pero que no lo había permitido para no sentar un precedente, algo correcto desde mi punto de vista, no lo había permitido y ellos debían matarme mañana, y mis órganos, casi todos, trasplantarlos a mi otro yo, es decir, a él. También dijo que yo era un genio sin lugar a dudas, y que todo lo que había escrito, indudablemente, iba a ser publicado, claro que sin mencionar que precisamente yo -un clon- lo había escrito, por cuanto que oficialmente no tenemos clones, sino como si fueran de yo-él, es decir, de ese yo, o él, que está fuera en el mundo. Creo que repitió unas veinte veces cuánta pena le daba y que él, ay, no podía hacer nada. Entonces yo pregunté, le dije que, a pesar de todo, quizá pudiera por lo menos revelarme un secreto: si yo soy un genio tal y me he convertido en ello aquí, ¿quién es él, mi segundo yo, mi feliz copia que ha corrido mejor suerte y que ha tenido unas posibilidades para el autodescubrimiento con las que yo ni siquiera soñé? Aquí él juró, incluso creo que escupió, y dijo que ese que estaba allá no había hecho nada de nada en toda su vida, solo abusar del alcohol y de algunas sustancias médicas oficialmente prohibidas y que precisamente por eso todos sus órganos internos estaban completamente estropeados y que por eso necesitaba los míos. Volvió a repetir que le daba mucha pena. Dijo que si dependiera de él, hubiera dado una paliza a ese hijo de perra, a él (a mí), y que a mí me hubiera concedido de verdad todo, más de lo necesario para vivir. Al instante todos los médicos se apartaron y en mi dirección salió un médico totalmente tapado con un traje talar, ni siquiera se le veía la cara. Se acercó a mí y el traje se abrió. Y yo vi... Vi... Vi que era una mujer era de verdad, una mujer viva de carne y hueso, casi con el mismo aspecto que la que yo había dibujado en mis fantasías. Estaba totalmente desnuda debajo de su vestimenta. Se acercó, me besó en los labios y al momento se había ido.
-Perdona -dijo el médico canoso-, esto es todo lo que podemos hacer por ti.
Me contemplaron atentamente una vez más y también se alejaron, dejándome solo en esta mi última noche.
¿Así que él no es nadie? ¿No ha hecho nada? ¿Darse a la bebida apoyado en una tapia? De acuerdo, voy a darte una segunda oportunidad. Voy a ayudarte. Ahora no experimento ninguna emoción, ningún sufrimiento, nada, nada, nada. No he gastado mi vida en vano. Cuando mis obras estén impresas con su nombre, cuando le reconozcan, le dará ánimo para su nueva vida. Se convertirá en un genio puesto que ya es un genio. Solo que no ha tenido suerte. Simplemente ocurrió así. Pero siempre se puede cambiar, ¡y eso le despertará! ¡Le dará fuerzas! ¡Entenderá! ¡Entenderá todo! Entenderá todo.
Sonrío y saboreo de antemano su grandeza, su reconocimiento, su amor, su gloria. También en eso consiste la razón: y es que, al fin y al cabo, él también es yo