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Biblioteca Virtual Hispanica

lunes, 9 de marzo de 2015

Arañas y mariposas Espido Freire


Arañas y mariposas 1
Estaba en pie en la esquina donde el
camino se perdía en las tinieblas, y
llovía sin pausa. Se parecía a aquel otro
chico que la abandonó en otro día de
lluvia. Se acercó a él, le saludó, le echó
las manos al cuello y lo dejó morir en la
noche lluviosa como un cisne
agonizante.
Arañas y mariposas 2
Las mariposas se acercan y yo escondo
mi cabeza entre las manos, aterrada, con
el aleteo insidioso y multicolor en mis
oídos cansados, apretada contra el muro;
y sé que no hay escapatoria, que las
mariposas están ahí y no se irán, y tras
eso ya no hay nada más.
Arañas y mariposas 3
Había estrellas en el cielo mientras la
vieja yegua moría. En el silencio, el eco
del monte lloró con el potrillo
abandonado. Indiferentes, las estrellas
volvieron la espalda y continuaron
charlando en su esfera de escarcha y
música.
Arañas y mariposas 4
Presentaba marcas de uñas en la
espalda, y confiaban en que ayudaran a
encontrar al asesino. En otro lugar, tras
desprenderse de su antigua piel, la mujer
se estiró en su camisa nueva y acechó
sin hacer ruido, moviendo lentamente
sus garras de acero.
Arañas y mariposas 5
Sin que le temblara la mano le tendió el
correo. Su mujer dejó caer la carta y
ahogó un sollozo. Durante toda la tarde
lloró por su madre muerta. Cuando logró
que se acostara para descansar un poco,
él abrió el cajón y, sonriendo, se probó
la corbata de luto que guardaba desde
hacía tanto tiempo.
Arañas y mariposas 6
Le rompió las gafas y le robó el dinero
sin hacer caso cuando lloraba por miedo
a su padre. Pasó el tiempo. Él se hizo
abogado, el otro niño médico, y sólo
recordó el incidente años más tarde,
cuando las puertas del quirófano se
cerraron tras su hijo y de pronto vio que
el nombre del cirujano le resultaba
familiar.
Arañas y mariposas 7
Fue muy triste dejarla en la perrera
durante el verano, pero era imposible
llevársela en el viaje. Cuando
regresaron, meneó la cola alegremente y
se tumbó en su cesta, tan cariñosa como
siempre. Pero cuando desvalijaron la
casa, ni siquiera ladró.
Arañas y mariposas 8
Era muy hermosa, pero sólo le
interesaban las flores. Harta de rechazar
admiradores, se casó. Enviudó joven, y
volvió a casarse. Cuando envejeció,
casada por cuarta vez, descubrió que
tenía arrugas y que ya no le molestaban
los hombres. Entonces dejó de matarlos.
El guano era, al fin y al cabo, mejor
abono.
Arañas y mariposas 9
Cuando, tras haberle esperado durante
años, él regresó con una esposa más
joven ella no perdió la calma. Se hizo su
amiga, apadrinó a sus hijos, y le buscó
un amante apuesto. En un rapto de celos,
él asesinó al amante de su mujer, y fue a
parar a la cárcel. E incluso allí continuó
visitándole, con un brillo curioso en sus
ojos y una cestita con la merienda.
Arañas y mariposas 10
Se le declaró sin esperanzas,
regalándole un anillo barato. Ella,
inesperadamente, aceptó. Loco de
entusiasmo, la besó por primera vez,
percibiendo un sabor podrido y dulzón
en la saliva. Pero era demasiado tarde.
Horas más tarde fallecía con la sangre
envenenada. Cuando despertó arrojó el
anillo por la ventana y no volvió a verla.
Arañas y mariposas 11
Nació en la primavera, y en primavera
floreció, pero la alegría fue breve. Llegó
el verano, pasó el otoño con su manto de
hojas caídas y pagó duramente aquella
felicidad con lágrimas durante el
invierno, con flores solitarias y el frío
en la piel tensa y dolorida. Así pasó el
invierno, y tras el invierno se marchitó y
secó.
Arañas y mariposas 12
Los dos se encontraron al cabo de los
años en el asilo. Al fin ella le confesó
que había aprendido a creer en los
hombres, en el amor que viajaba
invisible, en las almas gemelas. Le
confesó que le amaba, pero él no la
escuchaba. Observaba cómo su pelo se
había vuelto completamente cano.
Arañas y mariposas 13
En el momento de morir sintió un
pinchazo en el abdomen. Descubrió
entonces que la belleza de sus alas no le
servía, y que la exhibirían
perpetuamente bajo un cristal en la
pared.
Arañas y mariposas 14
Lo persiguieron hasta un edificio de
ladrillos rojos, que había sido una
antigua fábrica y desenfundaron los
revólveres. Vieron una sombra que se
movía y dispararon. Remataron al perro
de cerca. Al observarlo con más
atención descubrieron que no era ese el
rabioso.
Arañas y mariposas 15
A los trece años sedujo a un primo
mayor. Era pelirroja, incitante, maligna.
A los quince provocó un escándalo con
su profesor. A los veinte, un hombre
casado se suicidó por ella. A los
veintitrés le salieron las alas, dejó de
escuchar voces y no volvió a enamorar a
nadie.
Arañas y mariposas 16
Llegó un momento en que hubo que
decidir cuál de los dos moriría para
alimentar al otro. Ella se ofreció, y él
aceptó. Ella le pidió un beso, y él cerró
los ojos. Sin inmutarse, ella le clavó el
puñal, maravillándose mientras lo comía
de su inmensa estupidez.
Arañas y mariposas 17
Era tan guapo, tan inocente, despertaba
tanta lástima tras haber perdido a sus
padres en aquel pavoroso incendio que a
los que le adoptaron ni se les ocurrió
prohibirle que jugara con cerillas.
Tampoco sus padres lo habían hecho