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Biblioteca Virtual Hispanica

jueves, 12 de marzo de 2015

La princesa que perdió su nombre

Esto era una princesa muy descuidada que lo perdía todo:
los broches de perlas y las zapatillas de cristal, las cintas
musicales, las calculadoras japonesas y las pequeñas coronas
adornadas con rubíes.

El día que se celebraban las elecciones, al salir del palacio,
se dio cuenta que se había perdido su nombre. Volvió
corriendo a su aposento, y miró encima de la cama,
en su mesa de trabajo y en la tapa del tocadiscos.

Su nombre no estaba allí.

La princesa buscó su nombre entre las adormiladas petunias,
y miró en el estanque por si el viento lo hubiera arrastrado
al agua como a una abeja atolondrada.

La abeja estaba en el agua, pero su nombre ,no.

La princesa le preguntó al jardinero:

¿Has visto mi nombre por
algún sitio?

-Hoy no- respondió el jardinero-,
pero ayer lo vi en el cielo.
Una paloma peregrina lo llevaba
en el pico.

La princesa se sentó abatida
entre las petunias.

¿Y ahora qué haré?
-se lamentó-.Si no tengo nombre
no puedo votar.

-Tampoco puedes casarte ni puedes firmar autógrafos-añadió
el jardinero-; ni te darán el carné 
de conducir.

Y mis amigos, ¿cómo me llamarán?

Te llamaremos haciendo "chist,chist".

Pero cuando iba por la calle y la llamaban "chist,chist", todos
los transeúntes volvían la cabeza,
levantaban las cejas, se señalaban
con el dedo índice y preguntaban:

¿Es a mí?

Y la circulación se interrumpía.

Por eso, un día la policía detuvo a la princesa por alterar
el orden público.

-Deme su nombre, haga el favor.

-No tengo. Se me ha perdido.

-Eso lo dirá usted en comisaría.


La princesa pasó toda la noche en la comisaría, temblando
de frío, entre mujeres vestidas como princesas que habían
olvidado las señas de su corazón. 

El jardinero le llevó bocadillos de jamón y un jersey
que le estaba muy grande y le llegaba hasta las rodillas.

-Ha dicho tu padre que ahora viene a rescatarte.

Por primera vez,la princesa se dio cuenta de que la miraba
del jardinero era acogedora como un nido.

Se metió en ella sin vacilar y vio al jardinero por dentro.
Vio que tenía la ternura de una mujer embarazada,
la misericordia de un anciano y la gracia de un niño.

Y ya no quiso marcharse de allí.

-Haga el favor de salir-le avisó el policía-, que está aquí
su majestad el Rey, que viene a rescatarla.

Camino de palacio, la princesa tropezó catorce veces
con sus propios zapatos, seis o siete con el borde del jersey
y otras tantas con el mismo pensamiento. Y era que se había
enamorado.

¿Me quieres? -le pregunto al jardinero.

Podría quererte-contestó el jardinero-si tuvieras
un nombre para llamarte en sueños.

Que busquen mi nombre por todo el reino -ordenó la
princesa.

Y el reino entero se puso a buscar.

Y la princesa despertó y recordó su nombre...

Todo fue un hermoso sueño...........


Pilar Mateos

La princesa que perdió su nombre.

1970 Edelvives