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Biblioteca Virtual Hispanica

martes, 29 de marzo de 2016

Cuento del Perro Fiel

Este era un perro muy fiel que no tenía dueño.
Pero como no tenía dueño, no podía ser fiel a nadie,
así que decidió buscarse alguien a quien servir y
serle fiel. Eso era lo que más deseaba.

Se colocó el perro en una esquina muy transitada
a ver si alguna persona se fijaba en él y aceptaba
su fidelidad.

Pero la gente pasaba a su lado apresurada y preocupada
y no se daba cuenta de su presencia.
Y los pocos que lo hacían, le miraban con disgusto
y exclamaban:

-¡Huy, un perro abandonado, sin dueño!

-¡Un perro de la calle, nunca lo adoptaría!

-¡Un perro sin familia conocida!

En vista del fracaso, el perro decidió seguir al
transeúnte que le pareciera más adecuado para
ser su dueño y continuar detrás de él hasta que
aceptara su compañía.

El primero fue un hombre importante que, antes de
entrar en un restaurante de lujo en el que no
admitían perros, le obligó a alejarse.

El segundo era una anciana amable, que llamó
al servicio de recogida de perros abandonados
del ayuntamiento para que se preocuparan del perro
perdido. El perro huyó despavorido antes de que
llegaran los guardias.

Y el tercero fue un chico que se agachó para
acariciarlo y preguntarle si quería estar con él,
si quería ser suyo; pero sus padres se enfadaron
al darse cuenta de que se paraba en la calle para
hablar con un perro y lo obligaron a levantarse en
seguida y a seguir a su lado haciéndole prometer
que nunca más tocaría a un perro de la calle.


El perro suelto se quedó muy triste, porque
aquel parecía un buen muchacho. Pero al poco rato
del encuentro el chico volvió, esta vez solo,
lo recogió en un gesto rápido y mientras lo llevaba
corriendo a una tienda de animales de compañía,
le explicó que obedeciera sin rechistar todo lo que
le ordenara el dueño del negocio, que confiara en él,
que se había escapado un momento de un restaurante
cercano con la excusa de ir al servicio.

El señor de la tienda lo lavó y cepilló en un momento,
lo arregló bien, le puso un collar de terciopelo en el
cuello y lo colocó en el escaparate de la tienda, con
una caseta al lado, rodeado de espigas verdes.

Al poco rato pasaron por delante de la tienda el chico
amable y sus padres, y el muchacho los hizo detener
ante el escaparate para admirar la belleza del perro.
Dijo que quería ese perro de regalo,
que era lo que más le apetecía del mundo. Que así
evitaría la tentación de llevarse a casa los perros de
la calle. Los padres accedieron encantados, y así fue
como el perro perdido halló un dueño que merecía su
fidelidad.

El chico le dijo al perro:

-La amistad es libre,no se compra ni tiene precio.
La encuentras y la aceptas libremente.

Y el perro pensó:

-Este chico ha luchado por mí y yo le seré fiel sin
límite ninguno.

Cuentos   1970