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Biblioteca Virtual Hispanica

martes, 29 de marzo de 2016

El Verano

Las estrellas se citan en el cielo,
cogen el ascensor
y bajan lentamente a la piscina.
Sobre las nueve y media
iluminan el agua,
nadan sobre el reflejo de los álamos,
bucean por debajo del ciprés
y juegan a subirse al barco de la luna.

Las estrellas bañistas no utilizan
gafas de sol. No usan bronceadores,
ni beben cocacola.
Solamente navegan con sus cuerpos desnudos.

Si las estrellas bajan a la tierra
para bañarse en las piscinas,
yo me pregunto entonces:
¿qué vemos por la noche
nosotros en el cielo?

Hay quien piensa que todas las estrellas,
para poder bajarse a la piscina
sin que nadie lo note,
cubren el cielo de papel de plata,
de caminos de leche
y de fuegos de azúcar.

Yo no lo sé. Pero en algunas noches
hermosas de verano,
mientras el mar se duerme y las ciudades
apagan sus ventanas,
se me enciende una luz,
y pienso seriamente en las bombillas.

Cansadas de estar quietas,
de los ruidos y el humo de las motos,
las bombillas se van de vacaciones,
cogen el ascensor
y suben lentamente hacia los cielos
con ropa de turistas.

Sobre las nueve y media,
flotando en el espacio,
ocupan el lugar que dejan las estrellas.

Entonces me pregunto:
si las bombillas suben hasta el cielo,
cansadas de estar quietas,
¿qué veremos al entrar en las ciudades?,
¿quién pinta las farolas?,
¿quién alumbra las calles, y las casas?

Las preguntas que caben en un verso
tienen color de estrellas y verano.
No quieras responderme todavía.
Hay cosas que se aprenden con los años
y respuestas que solo conocen los poetas.



1968 Poesía para niños