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Biblioteca Virtual Hispanica

miércoles, 23 de marzo de 2016

Un grito en una botella

Voy a contaros una historia que me he inventado yo solito.

Érase una vez un grito llamado Eh que andaba
volando por los aires.
El grito tropezó con un embudo y quedó atrapado
en él.

Ya tenéis un grito metido en un embudo.

Hay conchas y caracolas marinas que al ponerlas
junto al oído dejan oír la voz del mar.Aquel 
embudo, colocado junto al oído,dejaba oír un grito
largo y estirado: ¡Eeehhh!

La gente se pasaba de mano en mano el embudo para
escuchar aquel sonido extraño que resonaba en su
interior.
Y sucedió que cierta vez alguien se sirvió del
embudo para llenar una botella con agua de la fuente.
Al primer momento, el agua no podía pasar,pero de
pronto, ¡plof!, el agua arrastró el grito para abajo
y lo llevó al fondo de la botella.

Así fue como el grito fue a parar a la botella.

Movido por el agua, el grito comenzó a rebotar
de un lado a otro y,metiéndose por el cuello de 
la botella, lo tapó.

La botella, con el cuello taponado, no servía ya
para beber y al inclinarla para verter agua apenas
si dejaba caer unas gotitas.

Un día en que el calor apretaba de lo lindo, un señor
que tenía mucha sed, viendo que no podía tomar agua
de la botella, se enfureció tanto que la arrojo al mar.
La botella, con el grito dentro, estuvo días y días
flotando en el mar, mientras las olas iban llevándola
en dirección a un islote, con su palmera, donde un
náufrago dormía.

Un golpe de mar lanzó la botella contra una roca y la
hizo trizas.
El grito,expandiéndose y anhelante de libertad, llenó
el espacio:

-¡Eeeehhh!

Fue tan poderoso y pujante el alarido, que incluso
temblaron las nubes más altas.

El náufrago pegó un salto.

Aquel grito llegó tan lejos, que barcos procedentes
de todos los rincones del mar acudieron a toda máquina
para saber qué sucedía .

En un abrir y cerrar de ojos, el islote quedó rodeado
de barcos,lo que permitió al náufrago escoger el que más
le gustaba para que lo salvase.

El barco elegido era rojo y tenía tres chimeneas.
Se llamaba Achispado y transportaba un cargamento 
de regaliz desde La Habana a Blanes.

El grito, entre tanto, seguía haciendo piruetas por
los aires, libre y feliz. ¡Ahí va!


Relatos  texto del 1950.