Buscador de Textos

Google+ Followers

FPPy

Inlitchi

Loading

Biblioteca Virtual Hispanica

miércoles, 23 de marzo de 2016

Una cinta azul de dos palmos y pico

En aquel pueblo, como en todos los pueblos,había
niños tristes y niños felices.

Uno de los niños cumplió años y le regalaron
muchas cosas:un caballo de madera,seis pares de 
calcetines blancos,una caja de lápices y tres
horas diarias para hacer lo que quisiera.

Durante los diez
primeros minutos el niño
miró todo con indiferencia.

Empleó otros diez
minutos en hacer rayas
por las paredes.Otros
diez en arrancarle una
oreja al caballo de madera.

Y otros diez minutos los pasó
aburrido, sin hacer nada.

Al deshacer los paquetes,más aburrido que
impaciente,había tirado por la ventana la
cinta azul con que venía amarrada la caja de lápices,
una cinta como de dos palmos, de un dedo de ancha,
de un azul fiesta, brillante.

La cinta fue a dar a la calle, a los pies de Juan Lanas,
un niño despierto, de ojos asombrados y pies descalzos.

Juan Lanas pensó que aquello era un regalo maravilloso,
pensó que era lo más maravilloso que le había ocurrido
en la última semana y en la que estaba pasando y 
seguramente en la que iba a empezar.
Pensó que era la cinta con la que se amarran las botellas
de champaña a la hora de bautizar los maravillosos barcos
que dan la vuelta al mundo.

Pensó que ara la alfombra que usaron
los liliputienses el día que se bautizó al hijo del rey.

Pensó que sería un bonito lazo para el pelo
de su madre,si su madre viviese.

Pensó que haría muy bonito en el cuello de su hermana,
si tuviera una hermana.

Pensó que le gustaría usarla para pasear a su perro
si era capaz de encontrar a Cisco, tan viejo.

Pensó que no estaría mal para sujetar a la tortuga
que quería tener.

Pensó,al fin, que bien podía ser un fajín de general.

Y pensándolo empezó a desfilar al frente al frente de
sus soldados, todos con plumero.

Los que lo vieron pasar pensaron que era un niño
seguido de un perro, pero Juan Lanas sabía que el perro
era su mascota y que los soldados pasaban de siete, que
era todo lo que Juan Lanas podía  contar sin equivocarse.

Y mientras Juan Lanas desfilaba, el otro niño se aburría

Narraciones Escolares

1962.