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Biblioteca Virtual Hispanica

jueves, 6 de octubre de 2016

Texto. La tierra de Jauja de Lope de Rueda Honzingera:





 Anda, anda, hermano Panarizo; no te quedes rezagado, que ahora es tiempo de tender nuestras redes. Panarizo: ¿Y cómo quieres que ande, hermano Honzigera, si no puedo con mis huesos? Tres leguas llevamos dándole a los pies. ¡Ay, yo no aguanto más! Tengo tanta hambre que un pollo me comería con plumas y todo. Honzingera: Pues aguarda y podrás engullirte una buena cena. A estas horas suele pasar por aquí un labrador, un tal Mendrugo, con una cazuela de comida para su mujer, que está en la cárcel. Este Mendrugo es bastante simple, y no nos será difícil, sin que él se dé cuenta, comernos lo que lleva en la cazuela. Le contaremos aquel cuento de Jauja, ya sabes; y como él estará embobado escuchándonos, nos embaularemos bonitamente algunos bocados, por lo menos. Espera... Parece que se oyen pasos. ¡Sí, es él! Levántate y estate preparado, que ahí llega nuestro hombre. Mendrugo: ¡Diablos, esta mujer va a acabar conmigo! Le da por empinar el codo más de la cuenta, luego arma una trifulca y a la cárcel. Y después ¡hala!, Mendrugo que sude y que se afane para darle de comer. Honzingera: ¿Adónde vas, buen hombre? Mendrugo: ¿Adónde voy a ir? A la cárcel, a llevarle el pienso a la Tomasa. Honzingera: ¡Vaya, vaya! ¿Y qué llevas en ese recipiente? Mendrugo: Ah, ¿esto? No es ningún recipiente; es una cazuela. Llevo unas albóndigas para la Tomasa, que se pirra por ellas. Las he hecho yo mismo, con carne de la mejor, huevos y especias, todo bien rebozado con harina blanca. Honzingera: ¿Y le llevas todos los días la comida a la cárcel? ¡Pensar que te ahorrarías todos esos trabajos si vivieras en la tierra de Jauja! Mendrugo: Y eso ¿con qué se come? Honzingera: ¡Cómo! ¿No sabes lo que es la tierra de Jauja? Ven, siéntate un momento con nosotros y te describiremos todas sus maravillas con pelos y señales. (Se sienta entre Honzingera y Panarizo y se dispone a escuchar, luego de poner la cazuela sobre las rodillas. Durante el diálogo que sigue, Honzingera y Panarizo se las arreglarán, de la manera más cómica posible, para irse engullendo las albóndigas de la cazuela, procurando cada uno distraer a su víctima para dar tiempo a que el otro coma.) Honzingera: Verás... Es un lugar en donde pagan a los hombres por dormir. Panarizo: Una tierra en donde azotan a los hombres que se empeñan en trabajar Mendrugo: ¡Qué me dice! Panarizo: Como lo oyes. Mendrugo: ¡Oh, qué buena tierra! Cuénteme las maravillas de ese lugar por su vida. Honzingera: En la tierra de Jauja hay un río de miel y otro de leche, y entre río y río hay una fuente de mantequilla y requesones, y caen en el río de la miel, que no parece sino que están diciendo: «cómeme, cómeme». Mendrugo: ¡Pardiez!, no hacía falta que me lo dijeran a mí dos veces. Panarizo: En la tierra de Jauja hay unos árboles que son de tocino. Y las hojas son de pan fino, y los frutos de estos árboles son de buñuelos, y caen en el río de la miel, y ellos mismos están diciendo: «máscame, máscame». Honzingera: En la tierra de Jauja las calles están empedradas con yemas de huevo, y entre yema y yema, un pastel con lonjas de tocino, de modo que ellas mismas están diciendo: «trágame, trágame». Panarizo: En la tierra de Jauja hay unos asadores de trescientos pasos de largo, con muchas gallinas, capones, perdices... Mendrugo: ¡Huuum! ¡Con lo que a mí me gustan! Honzingera: En la tierra de Jauja hay muchas cajas de confituras mazapanes, merengues, arroz con leche, natillas... Y hay unos barriles de vino dulce junto a las confituras, y unas y otras están diciendo: "cómeme, bébeme, cómeme, bébeme"; hay también muchas cazuelas con huevos y queso. Mendrugo: ¿Como esta que yo traigo? (Mira la cazuela) ¡Anda, si está vacía! (Honzingera y Panarizo hacen mutis corriendo. Mendrugo, dando voces tras ellos) ¡Ladrones! ¡Ladrones! (Se detiene de pronto y mira la cazuela tristemente) Me han dejado sin un buñuelo. ¡Pobre de mí! ¿Y qué hago yo ahora? (Pausa) Pobrecillos, a lo mejor es que tenían hambre...¡ Que Dios les perdone el daño que me han hecho! La culpa la he tenido yo, por creer que hay tierras en donde se puede vivir sin trabajar. Esto me servirá de lección. 

Lope de Rueda, La tierra de Jauja (texto adaptado)